Estoy viviendo
el invierno a la luz de la luna
Por JESÚS
SOSA CASTRO
La sensibilidad poética de José Saramago y de mi amiga María
del rosario Baltazar Murguía, mucho tiene que ver con lo que mis pasos por la vida
han venido sembrando y recogiendo con especial pundonor. Porque como Saramago,
yo también dormí el invierno a la luz de la luna, con la gran diferencia de que
yo lo hice en petates de palma y tapándome el frío con costales de yute. Pero en
medio de esa paz que se vive en las montañas, mis ojos y mis sentidos vieron
mecer las ramas de los árboles y el tintineo de las estrellas del imponente
firmamento. Todo pasaba como un río corriendo en silencio, mientras lo cóncavo
del cielo permitía ver la traslúcida claridad de la vía láctea o la estrella
del sur de la que tanto me hablaba mi padre
En este breve texto, quiero resaltar la sensibilidad de
quienes reconocen lo sencillo y trascedente de la vida. Porque, “mientras se
cumple el sueño de quienes hemos caminado muchos años sembrando ideas y
recogiendo flores o abrojos; las historias y las acciones que construye el
pueblo se están volviendo leyendas, asombros, episodios singulares y
escaramuzas de piedra” Estas han sido y son las palabras y hechos de un pueblo
rebelde que recoge memorias, construye caminos y produce nuevas historias.
Inquisidor como es, Saramago, se pregunta, ¿y ahora qué sigue? Y yo con
humildad digo: tal vez tenemos que repetir las historias para no olvidarlas,
para enriquecerlas con nuevos hechos y con nuevos ejercicios que pongan a
prueba las conquistas del pueblo. Siempre será posible que, con la primera luz
de la mañana, el canto de los pájaros y los rayos de la luz matutina nos
levante el ánimo para seguir despertando la conciencia y poner los esfuerzos y
las acciones en la ruta de seguir transformando el país. Ya no es el tiempo de
estar tumbados debajo de la higuera cuando tenemos enfrente un mundo capitaneado
por el fascismo
Estos tiempos ya no son para seguir mirando las estrellas. El
mundo será más hermoso cuando el miedo de morir ya no sea nuestra congoja
principal. Cuando hayamos recibido la suprema gracia de que nuestra última
despedida, sea el consuelo de la belleza revelada que nos haya dejado el honor
y el orgullo de haberle servido a nuestro país y a nuestra gente. Cuando el
clasismo y el racismo, el odio y el rencor de los poderosos contra los
empobrecidos y humillados por ellos, entiendan que Saramago, mi amiga María del
Rosario, millones de mexicanos y yo, estamos recogiendo con urgencia la
necesidad de combatir a los cerdos que están vistiendo su rostro de “libertarios”
cuando sus políticas consisten en invadir a los pueblos, secuestrar a sus
líderes y robarles sus recursos naturales. Ojalá cuando tengamos que morir, podamos
hacerlo en paz y no llevando el terror en el rostro de haber sido invadidos o
bombardeados por los que han perdido la razón, el humanismo y se han convertido
en las bestias de los robos, las guerras y las amenazas
Ensayo sobre la lucidez de JOSÉ SARAMAGO (Portugal,1922 -
2010)