domingo, 1 de febrero de 2026

 

Estoy viviendo el invierno a la luz de la luna

Por JESÚS SOSA CASTRO

La sensibilidad poética de José Saramago y de mi amiga María del rosario Baltazar Murguía, mucho tiene que ver con lo que mis pasos por la vida han venido sembrando y recogiendo con especial pundonor. Porque como Saramago, yo también dormí el invierno a la luz de la luna, con la gran diferencia de que yo lo hice en petates de palma y tapándome el frío con costales de yute. Pero en medio de esa paz que se vive en las montañas, mis ojos y mis sentidos vieron mecer las ramas de los árboles y el tintineo de las estrellas del imponente firmamento. Todo pasaba como un río corriendo en silencio, mientras lo cóncavo del cielo permitía ver la traslúcida claridad de la vía láctea o la estrella del sur de la que tanto me hablaba mi padre

En este breve texto, quiero resaltar la sensibilidad de quienes reconocen lo sencillo y trascedente de la vida. Porque, “mientras se cumple el sueño de quienes hemos caminado muchos años sembrando ideas y recogiendo flores o abrojos; las historias y las acciones que construye el pueblo se están volviendo leyendas, asombros, episodios singulares y escaramuzas de piedra” Estas han sido y son las palabras y hechos de un pueblo rebelde que recoge memorias, construye caminos y produce nuevas historias. Inquisidor como es, Saramago, se pregunta, ¿y ahora qué sigue? Y yo con humildad digo: tal vez tenemos que repetir las historias para no olvidarlas, para enriquecerlas con nuevos hechos y con nuevos ejercicios que pongan a prueba las conquistas del pueblo. Siempre será posible que, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros y los rayos de la luz matutina nos levante el ánimo para seguir despertando la conciencia y poner los esfuerzos y las acciones en la ruta de seguir transformando el país. Ya no es el tiempo de estar tumbados debajo de la higuera cuando tenemos enfrente un mundo capitaneado por el fascismo 

Estos tiempos ya no son para seguir mirando las estrellas. El mundo será más hermoso cuando el miedo de morir ya no sea nuestra congoja principal. Cuando hayamos recibido la suprema gracia de que nuestra última despedida, sea el consuelo de la belleza revelada que nos haya dejado el honor y el orgullo de haberle servido a nuestro país y a nuestra gente. Cuando el clasismo y el racismo, el odio y el rencor de los poderosos contra los empobrecidos y humillados por ellos, entiendan que Saramago, mi amiga María del Rosario, millones de mexicanos y yo, estamos recogiendo con urgencia la necesidad de combatir a los cerdos que están vistiendo su rostro de “libertarios” cuando sus políticas consisten en invadir a los pueblos, secuestrar a sus líderes y robarles sus recursos naturales. Ojalá cuando tengamos que morir, podamos hacerlo en paz y no llevando el terror en el rostro de haber sido invadidos o bombardeados por los que han perdido la razón, el humanismo y se han convertido en las bestias de los robos, las guerras y las amenazas

Ensayo sobre la lucidez de JOSÉ SARAMAGO (Portugal,1922 - 2010)

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