Jugar sin
miedo, pero con cartas renovadas
Por JESÚS
SOSA CASTRO
No exagero si describo algo de lo que está pasando en el país.
Con seriedad y sin falsas solemnidades afirmo que el pueblo que está
acompañando el proceso de transformación es algo tan importante que nadie puede,
simplistamente, considerar como un hecho más en la vida política de México. Somos
una fuerza que gana espacio para expresar sus ideas, sus sentimientos y
visiones para cambiar nuestro mundo. La política la ha abrazado el pueblo con
razones de sobra y con mucha decisión. Reconocer esto ya es en sí algo muy
importante que conviene entender. A pesar de las recurrentes campañas de miedo
y de confusión que está ganando la derecha, no les han impedido a millones de
mexicanos, participar en uno de los acontecimientos históricos más grandes de
las últimas décadas. Somos un proyecto de gobierno que simplemente ¡VA!
Este enorme torrente de seres humanos saltó la barrera que
les había impuesto la cultura de la abyección. Dejó de ser presa de la
pasividad, para jugar un papel preponderante en la lucha entre los que queremos
un país de libertades y de justicia y aquellos que en sus cotos de poder o en
la sombra de la política le siguen prendiendo incienso a los conservadores. Estas
sectas del oscurantismo no están liquidadas. Están haciendo todo para evitar su
extinción. Nosotros, el pueblo, luchamos por garantizar el éxito de las
propuestas de gobierno en las que están contenidos los sentimientos y
necesidades de la gente. Gioconda Belli ya lo apuntaba de manera perspicaz. “Los
ciudadanos empezamos a jugar, sin miedo, en un país antes acobardado, pero en
el que la valentía y el arrojo nos contagiaron” (*)
Bastó destapar la olla que llevaba años cociéndose en su
propio barro para que la esperanza dejara sentir su olor a hierbabuena. Esto
sucedió a partir del 2018 a la fecha. El movimiento que generó estas
expectativas hizo que en el 2024 treinta y seis millones de mexicanos mostraran
un valor políticamente incalculable. La afirmación de esta esperanza no solo
cimbró la conciencia política de amplios sectores de la opinión pública, sino
que entendió que a este sunami era y es urgente reforzarlo y darle la dirección
que necesita para evitar que nos lleve a un explicable fracaso
La aparición de este fenómeno multitudinario está exigiendo
de la izquierda revolucionaria un examen autocrítico profundo. Se trata de ver
hasta qué punto Morena está capacitada para aportar ideas y propuestas para
consolidar este enorme movimiento popular. Ver si puede encausarlo correctamente,
si es capaz de elegir de manera democrática sus órganos en todo el país, porque
si se separa de la militancia y del pueblo, si no construye una dirección
política a la altura de las circunstancias, si no aprecia los intereses y
sentimientos de la gente, si no se rodea del apoyo necesario y de la
experiencia política de quienes la tienen, entonces, el fracaso de este
movimiento puede ocurrir
(*) Gioconda Belli, El país bajo mi piel, Editorial Lectoralía
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