¿Son
activistas de Morena? ¡NO! Son testigos de Jehová
Por JESÚS
SOSA CASTRO
Desde hace tiempo, por calles y colonias he visto pasar brigadas
de mujeres y hombres con la intención de adoctrinar a la gente con la “verdad
sobre los milagros de JESÚS” Después de muchas de sus prédicas, decidí poner
ante ellos mi opinión sobre sus homilías. Les hice saber que fui aprehendido
por los principios católicos que mis padres profesaban desde que nacieron. Que
serví como monaguillo en la iglesia de mi localidad y que después de mi
formación profesional de años, se cebaron las promesas de que mi primer salario
serviría para comprarles los hábitos a los santos de mi pueblo
Les hice saber que, con el tiempo y mi cultura, me había
alejado de todo tipo de creencias devotas. Que después de 2026 años de que
sacrificaron a JESÚS, no comprendía las razones por las cuales media humanidad
ha sido víctima de atropellos provenientes de las iglesias. Tanques de guerra
bendecidos por papas y cardenales, y que, en nombre de la religión y la
avaricia del hombre, habían muerto millones de personas creyendo en la justicia
divina. En México, -les dije- con el pretexto de la fe, el clero político y los
cristeros ajusticiaron a miles de personas. Los sacerdotes que lucharon con el
pueblo para liberarnos de los españoles fueron asesinados por los detentadores
del poder económico y religioso. La Santa Inquisición quemó vivos a quienes,
según ella, eran unos sacrílegos
A pesar de estos razonamientos, una de las integrantes del
grupo, volvía recurrentemente a las citas de su “biblia” titulada
“JESÚS, el camino, la verdad y la vida” Quería convencerme de las bondades de las tesis que
propagan los Testigos de Jehová. Me
impresionaron su persistencia y el manejo pronto de citas sobre el tema. De
estos brigadistas deberíamos aprehender los de Morena, trabajar al lado del
pueblo, asirnos de su sabiduría y recuperar la estructura que desde el 2018 Yeidkol
y Mario le desaparecieron al partido. Hacer eso, enriquecería nuestro
pensamiento y haría de nuestra libertad el derecho a creer en alguien o en algo.
La libertad, la equidad y la justicia, deben ser los pasos necesarios para no
seguir siendo esclavos de la ignorancia y las manipulaciones
Después de su narrativa persistente, le pregunté a la señora.
¿Cree seriamente en lo que dice y en lo que está leyendo? Por qué si como
afirma, todos somos hijos de JESÚS, nacidos y creados a su imagen y semejanza, ¿cómo
es que permite que millones de sus hijos seamos víctimas de la pobreza, las
guerras, las epidemias, las invasiones y el fascismo? ¿Cómo explicar que, a
estas alturas, después de dos milenios y contando, nuestra vida siga pendiendo
de muchos políticos corruptos, de caciques, de curas, pastores y de religiones,
que se creyeron o fueron dueños de las tierras, las aguas, las iglesias y de la
fe de la gente? Desde que yo tuve uso de razón, le dije, fui testigo de lo que
en nombre de Dios todo le ocurría al pueblo. Desde entonces, entraron en juego mis
conocimientos y mis razones para defender mis pensamientos y mis libertades.
Hice uso de esa que me concede, desde hace décadas, el derecho de ya no creer ni
en las iglesias, ni en los curas ni en los milagros
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