domingo, 15 de marzo de 2026

 

Y cuando llegue el día del último viaje

Por JESÚS SOSA CASTRO

La ausencia de quienes me dieron la vida volvió a mí con un sentimiento nunca sentido. Si mi primera infancia no estuvo registrada en los anales de ninguna historia, hoy quiero escribir unas líneas sobre lo que viví y de lo que creo que dejaré como rastro, ahora que llegue el día de mi último viaje. En este largo lapso he sumado amigos, muchos amigos y grandes compañeros de lucha. Y en el campo, mis experiencias de niño campesino crecieron como almácigos, resultado del amor al trabajo que siempre estuvo presente en la conducta de mis padres. En recuerdo a esas etapas, pondré al escrutinio público algunos hechos que me marcaron para siempre. Porque mucho de lo que hice y de lo que fui, se los debo a la sabiduría y a la perseverancia de esa portentosa pareja

Cuando felizmente me mandaron a la escuela a la ciudad de México para continuar mis estudios, mi madre puso en una caja de cartón algunas prendas que podrían serme útiles en lo que para mí era un lejano lugar. Fue en ese momento cuando descubrí que por las mejillas de su rostro escurrían lágrimas. Sabía que yo iba en busca de un mundo que no era mi mundo. Dejaba atrás mi arraigo a la tierra, a mis padres, a un puño de hermanos y el correr de las aguas que se deslizaban cuesta abajo en las frecuentes épocas de lluvias

Mi primer encuentro con una nueva realidad consistió en comer las sobras que dejaban los estudiantes que tenían internado y comedor. Dormía arrimado con alguien que me apoyo sólo por su buen corazón. Mis compañeros de grupo eran mayoritariamente provincianos como yo, nos distinguía la resistencia que les hacíamos a los citadinos en su conducta contra los “indios” que siempre fue clasista y presuntuosa de lo que les había dado la vida. Meses después empecé a recuperar mi orgullo y mi dignidad. Las circunstancias me dieron un liderazgo a nivel estudiantil y en ese carácter impulsé el apoyo a los maestros en huelga por mejores salarios y libertad sindical. En Tijuana BC con mis compañeros hicimos la primera manifestación pública de apoyo a la revolución cubana

A mi regreso a la ciudad de México fui invitado a un congreso clandestino que los maestros del MRM habían convocado en las chinampas de Xochimilco. A partir de entonces mi vida estuvo ligada a los movimientos sociales y políticos que encabezaban mujeres y hombres de reconocida fama pública. Tuve el honor de ser militante, activista y fundador de todos los partidos de izquierda. Mis maestros políticos fueron Othón Salazar, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Arnoldo Martínez Verdugo y Lucio Cabañas entre otros destacados camaradas. Desempeñé encargos importantes nacionales e internacionales. Fui dos veces secuestrado y torturado. Hoy quiero dejar a quienes me siguieron, este testimonio de lo que fui y de lo que soy. Ya he cumplido mi ciclo. Me retiro con orgullo de no haber traicionado ni mis ideales ni a mi pueblo. Me voy abrazando las palabras de Antonio Machado “como ha llegado el día del último viaje, y está al partir la nave que nunca ha de tornar, estaré allí ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar”

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario