sábado, 3 de enero de 2026

 

No eran tontos, los adoctrinaron

Por JESÚS SOSA CASTRO

Con motivo de los repudiables acontecimientos en Venezuela por parte de la bestia norteamericana amigos, compañeros y yo hemos intercambiado opiniones y críticas. No pocos me han sorprendido con sus posiciones políticos que yo creí consolidadas en las filas de la izquierda. Pues hasta donde nuestra relación se mantuvo de manera cotidiana, eran unos defensores de las causas justas en el mundo, del pobrerío, de ese sector social del que le gustaba hablar el inefable de Vicente Fox. Algo los cambió, porque después de los últimos tiempos, las circunstancias, los intereses y la cultura política, les modificaron el pensamiento y sus conductas sociales. Ahora que nos hemos vuelto a encontrar observo que son unos derechosos y resentidos con lo que está pasando en países de América Latina, en nuestro pueblo y sus en sus dos últimos gobiernos. Adornan su discurso, pero sus hechos los colocan al lado de la derecha. Nuestros reencuentros han sido respetuosos, ríspidos por momentos. Lo trascendente ha consistido en exponer claramente nuestras posiciones con relación a los problemas del mundo y del país

Los planteamientos y posiciones de mis amigos son para mí, decepcionantes. Se acercan mucho a lo que Zygmunt Bauman, Sociólogo polaco dice sobre el comportamiento político de cierto tipo de personas y grupos. Afirma que hay quienes defienden la opresión, se humillan ante los poderosos sin entender lo que eso significa. Sus referentes son el odio a la democracia, a la participación de los humillados y excluidos. Su aculturación los ha llevado al servilismo y a defender los privilegios que les proporcionan las influencias y el poder. Tiemblan ante los avances sociales, ante las movilizaciones del pueblo, ante la democracia y el logro de la paz. No tienen capacidad para sonreír ante los avances sociales, políticos y culturales de los pueblos en creciente oposición y rebeldía contra sus explotadores

Lamentable que mis amigos y muchos como ellos conciban los avances sociales como el producto de una transacción entre la cesión de libertades y la comodidad de privilegios mal habidos. Han perdido la dignidad, el respeto, la tolerancia y el amor por los demás seres humanos. Los portadores de estas actitudes son hoy severamente acotados por la mayoría del pueblo. Han entrado en abierta contradicción con las conductas vigilantes, transparentes y democráticas de la mayoría de la gente. Su fuerte es el odio, el rencor y el clasismo, por eso se retuercen como tlaconetes de rancho. Son esos que Sygmunt Bauman definió como los “eternos ignorantes, los que no han aprendido a pensar, los que defienden a los corruptos, a las corporaciones codiciosas. No nacieron tontos, sólo han sido adoctrinados” ¡Lástima Margarito!