Necesitamos
líderes que se formen en la lucha y no por Pedro Miguel ni por el Fisgón
Por
JESÚS SOSA CASTRO
La lucha que está librando el pueblo
de México está confirmando que, sin la ruptura de las viejas estructuras del poder,
no será posible ninguna solución verdadera a los complejos problemas que enfrentamos
como país. Estamos claros de que el México de hoy no es el México de antes de diciembre
del 2018. Sus avances en el ejercicio de los derechos, libertades, justicia y democracia
es algo que está a la vista de todos. Sin embargo, paralelamente a estos avances
está naciendo una casta de mujeres y hombres que empiezan a construir un imperio
en el cual líderes de partido, diputados, senadores, gobernadores y alcaldes van
de un puesto a otro como caciques desoyendo la voz y las exigencias del pueblo
para democratizar la vida nacional. Con el pretexto de profundizar y defender
el proyecto de la cuarta transformación se nos han quitado derechos y nos han destruido
las estructuras organizativas que nos dieron sentido de pertenencia y dignidad en
nuestra participación
Yeydkol Polensky, Mario Delgado y una
dirigencia cada vez más alejada de la gente, son los responsables de la falta
de organización, de la baja en la “revolución de las conciencias” en la poca o
nula iniciativa política de un pueblo que abrazó con entusiasmo un proyecto
político que consideró como suyo. Dió pie a la formación política de “cuadros” acríticos,
obedientes y seguidistas al dejar su formación en los desprestigiados tata
mandones Pedro Miguel y el Fisgón. Hoy caminamos hacia un partido sin su rostro
original y ha sido adecuado como el nicho de no pocos oportunistas de derecha y
de izquierda “burla” de miembros del partido
Y es que el México de hoy ya no es el que
derrotó el obradorismo en el 2018. Hoy ya no es suficiente cualquier
tipo de reforma, sea cual sea su magnitud y su profundidad. Ya no se trata sólo
de alcanzar un mejor nivel de vida, de mejoramiento de las condiciones de
trabajo, de elevar los salarios, de conseguir empleo, de obtener un pedazo de
tierra, de lograr una vivienda o de algún crédito. Nuestro proyecto contiene,
en su esencia, el interés de cambiar radical y definitivamente el tipo de
relaciones sociales y políticas en todos sus aspectos.
Por estas
razones, hoy hay que instaurar una vida que esté
determinada, decidida, elegida y producida por el mismo pueblo, sin
determinaciones ajenas. Para lograrlo necesitamos crear, desde abajo, un
liderazgo distinto al actual. Formado en la lucha, estructurado ideológicamente,
impulsado y reconocido por el pueblo y no educado ni
bendecido por Pedro Miguel y el Fisgón. Un par de tata mandones buenos para
nada. Ya Max Horkheimer lo decía “el orden establecido
prevalece porque quien debe hacer la crítica caya y la población no protesta,
solo acata” (*)
(*) Max
Horkheimer, filósofo alemán, Crítica de la razón instrumental, Wikipedia
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