domingo, 22 de febrero de 2026

 

Necesitamos líderes que se formen en la lucha y no por Pedro Miguel ni por el Fisgón

Por JESÚS SOSA CASTRO

La lucha que está librando el pueblo de México está confirmando que, sin la ruptura de las viejas estructuras del poder, no será posible ninguna solución verdadera a los complejos problemas que enfrentamos como país. Estamos claros de que el México de hoy no es el México de antes de diciembre del 2018. Sus avances en el ejercicio de los derechos, libertades, justicia y democracia es algo que está a la vista de todos. Sin embargo, paralelamente a estos avances está naciendo una casta de mujeres y hombres que empiezan a construir un imperio en el cual líderes de partido, diputados, senadores, gobernadores y alcaldes van de un puesto a otro como caciques desoyendo la voz y las exigencias del pueblo para democratizar la vida nacional. Con el pretexto de profundizar y defender el proyecto de la cuarta transformación se nos han quitado derechos y nos han destruido las estructuras organizativas que nos dieron sentido de pertenencia y dignidad en nuestra participación

Yeydkol Polensky, Mario Delgado y una dirigencia cada vez más alejada de la gente, son los responsables de la falta de organización, de la baja en la “revolución de las conciencias” en la poca o nula iniciativa política de un pueblo que abrazó con entusiasmo un proyecto político que consideró como suyo. Dió pie a la formación política de “cuadros” acríticos, obedientes y seguidistas al dejar su formación en los desprestigiados tata mandones Pedro Miguel y el Fisgón. Hoy caminamos hacia un partido sin su rostro original y ha sido adecuado como el nicho de no pocos oportunistas de derecha y de izquierda “burla” de miembros del partido

 Y es que el México de hoy ya no es el que derrotó el obradorismo en el 2018. Hoy ya no es suficiente cualquier tipo de reforma, sea cual sea su magnitud y su profundidad. Ya no se trata sólo de alcanzar un mejor nivel de vida, de mejoramiento de las condiciones de trabajo, de elevar los salarios, de conseguir empleo, de obtener un pedazo de tierra, de lograr una vivienda o de algún crédito. Nuestro proyecto contiene, en su esencia, el interés de cambiar radical y definitivamente el tipo de relaciones sociales y políticas en todos sus aspectos.

Por estas razones, hoy hay que instaurar una vida que esté determinada, decidida, elegida y producida por el mismo pueblo, sin determinaciones ajenas. Para lograrlo necesitamos crear, desde abajo, un liderazgo distinto al actual. Formado en la lucha, estructurado ideológicamente, impulsado y reconocido por el pueblo y no educado ni bendecido por Pedro Miguel y el Fisgón. Un par de tata mandones buenos para nada. Ya Max Horkheimer lo decía “el orden establecido prevalece porque quien debe hacer la crítica caya y la población no protesta, solo acata” (*)

(*) Max Horkheimer, filósofo alemán, Crítica de la razón instrumental, Wikipedia

 

 

 

 

 

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