miércoles, 29 de agosto de 2018


Acerca de los nidos del crimen

Por JESÚS SOSA CASTRO

Tengo la manía de ir periódicamente a las librerías para conocer las novedades que hay en ese mercado. Se queda uno patidifuso al encontrarse con cerros de enciclopedias y textos de autoayuda, pero pocos materiales hay sobre lo que actualmente pasa en el país. Fui en busca de las novedades que, se supone, debieron escribirse a partir del 1o de julio. Hastiado de lo ralo y mediocre que escriben y dicen la mayoría de los opinones de la prensa y de la política, buscaba algo actual sobre ensayos o literatura que aliviaran un poco mis horas de insomnio, una vez que regreso de las repetitivas reuniones que se organizan para hablar sobre la cuarta transformación
Quiero aclarar, para que no se me calienten los pejezombis, que soy uno de los millones que comparten este proyecto transformador. Lo he abrazado porque ya es tiempo de que las ideas, la palabra y la acción, se vayan abriendo paso en este mundo tan lleno de oscuridad, de ineptos y corruptos. Me entristece y me enoja, eso sí, que este proyecto enhebrado por millones de mexicanos esté pasando por un momento de letargo, de pasmo. Los encargados de explicar este fenómeno no han dado ningún tipo de color. Apenas hablan de que, si el trabajo se hacía casa por casa para “organizar” a los ciudadanos, ahora lo harán cabeza por cabeza para educar a la militancia, cuando todo mundo sabe que más que la escuela lo que educa es la lucha, no el trabajo individual que el neoliberalismo ha sembrado en la gente 
Por hoy no hablaré más de estas cuestiones, o solo lo haré de pasadita. Intentaré, en cambio, hablar sobre lo que está pasando con cerca de cuatro millones de jóvenes de entre 15 y 29 años que no trabajan ni estudian. Sabemos que no lo hacen porque nadie está invirtiendo en ellos, ni en el trabajo los capacitan ni en la escuela los atienden. A la mayoría se les ha criminalizado llamándoles peyorativamente los ninis. Según el INEGI este grupo poblacional le cuesta a México 194.090 millones de pesos anuales, 0.9% del Producto Interno Bruto, según un reporte de la OCDE publicado en enero de este año
El asunto de los jóvenes es importante no solo porque -se dice- son el futuro del país. Lo es también porque en esta época de crisis económica y social, la juventud está siendo marginada de sus derechos y en cambio, la están convirtiendo en materia prima para reforzar las filas de las fuerzas policiaco-militares o para esclavizarla a favor del mercado de las drogas. No es casual que muchos escritores se estén ocupando de estos problemas. En Noticias de un secuestro, Gabriel García Márquez pergeñó en su tiempo, con pulcritud, este fenómeno. Don Winslow en El poder del perro; El hombre de hielo de Philip Carlo; Osiel, vida y tragedia de un capo, de Ricardo Robelo, son, entre cientos de escritores, quienes abordan, desde distintas perspectivas, los temas del narco, los jóvenes y el poder
Dice Paco Ignacio Taibo II, que la literatura como materia, es capaz de “construir historia, ideología y pensamiento crítico” Juan Villoro señala que “ser mexicano es el menor de los males. El verdadero problema es existir” ¿En el México actual se puede SER con lo que ahora hemos producido en la economía, en la cultura y en la política? ¡Desde luego que no!
¡Hoy en día estamos perdiendo poder de asombro! Las desdichas de la vida diaria que vive el pueblo trabajador son verdaderamente patéticas y, sin embargo, pocos son los que protestan o hacen algo para evitarlo. No tiene empleo, los salarios están severamente castigados. En el transporte hay asaltos, violencia, insultos, iracundia. Los otros servicios públicos son una calamidad. En los hospitales los enfermos están muriéndose en los pasillos. Los médicos y enfermeras entran y salen porque no hay medicamentos para sus pacientes. No hay una explicación seria sobre la desaparición de los 43, sobre los crímenes de Tlatlaya, de Aguas blancas, de Nochistlán o de los estudiantes disueltos en aceite hirviendo en Zapopan, Jalisco
Para rematar hago una resumidísima síntesis del libro, El paria mexicano de Luciano Campos Garza. Con este texto me atravesé el día que fui a la librería Gandhi. Me hirió en los cuatro costados. La pobreza de soldados y de jóvenes sin futuro, se ha convertido en la carne de cañón de las fuerzas armadas y del narco. ¡Ambas sin ética y carcomidas por la violencia! En las entrañas de ambos está el dinero, los intereses de los mafiosos. Un fenómeno que ha ganado territorio por la incapacidad, la corrupción y la complicidad de las ramas del poder. La cultura de la muerte tiene su nido en los cuarteles, en la venta y consumo de las drogas, en la pobreza y en el abandono. Por eso uno se pregunta: ¿Hay futuro para este país?



miércoles, 22 de agosto de 2018


¿Hacia dónde apuntar nuestras lanzas?

Por JESÚS SOSA CASTRO

Jorge Martínez Reverté, escritor español, escribió un libro cuyo título es la Furia del silencio. En una de sus páginas narra que en la primavera de 1962 se produjo en Asturias, en las cuencas mineras, una huelga silenciosa y pacífica que llegó a acorralar al Gobierno de Francisco Franco. Relata con detalle y con una gran carga de emoción, aquel estallido popular que supuso un progreso muy significativo hacia el deseo de justicia y libertad. El símil con este interesante capítulo de las luchas obreras de España, lo encuentro con lo que el pueblo de México logró con su voto en el reciente proceso electoral
La derrota que el pueblo mexicano le infligió al régimen político y a los partidos del sistema, fue una gesta poco más que brillante. La vocación libertaria de estas franjas de pueblo, subestimada por tirios y troyanos, fue resultado del trabajo, sistemático y silencioso, en el que muchos luchadores sociales y políticos de ayer y de hoy, convirtieron en un ato tan fuerte y efectivo que derivó en un acontecimiento de talla universal. El líder de esta epopeya supo aprovechar calculadamente las contradicciones de clase y el hartazgo político y social hartamente señalado en otros artículos míos. La victoria electoral del pueblo puede ser comparada con la lucha que Espartaco libró en su intento por tomar Roma
Lo del primero de julio pasó a la historia como parte de esa épica que antaño sólo era posible atribuir a los héroes. En busca de su libertad, treinta millones de mexicanos pudieron hacer de las selvas de asfalto y de los asentamientos del México profundo, el objetivo central de una estratagema en la que, sin violencia, fueron derrotados los adversarios que habían convertido al pueblo trabajador en el objeto fundamental de sus políticas rapaces. El sueño que iba impreso en el voto contenía no sólo la ira de quienes por años fueron víctimas del atropello y la exclusión, estaba, sobre todo, el deseo de cambiar el régimen político. Este sentimiento de autodeterminación felizmente llevó al gobierno de la República a López Obrador
La historia del primero de julio es la continuidad de las luchas de los soñadores que se han venido quedando en el camino. Ya en los prolegómenos del siglo pasado los utopistas mexicanos exigían en su discurso el respeto y reconocimiento a todas sus libertades y derechos. En una de sus proclamas señalaban que: “ha llegado la hora de conocer a los hombres con el corazón bien puesto, es el día en el que los esclavos se levanten como un solo hombre reclamando lo que les corresponde, será la hora de que salgamos en defensa de nuestra libertad. Es el momento de despejar el campo, de pedir cuentas a los que siempre nos las han exigido; es el día de imponer deberes a quienes sólo han querido tener derechos” Nuestra lucha “fertilizará nuestros campos; dará exuberancia a las plantas y dejará un rastro imperecedero a la humanidad del futuro”
¿Qué poseemos las mujeres y los hombres que vivimos clavados en el trabajo? ¿Quién se beneficia del sudor de nuestras frentes, de las lágrimas de nuestros ojos, del dolor de nuestras espaldas, del cansancio en nuestros brazos, de la fatiga en nuestros pies y de la angustia en nuestros corazones? ¿Quién ha pensado alguna vez en recoger lo que siembra, cuando todo se nos arrebata? El contenido de estas ideas no solo da luz al pensamiento actual de los que ahora han decidido cambiar el estado de cosas. Son ideas que salen del corazón y humedecen los ojos porque quienes las pensaron y les dieron consecuencia, tenían claro que los cambios sociales sólo son posibles si el pueblo se decide a luchar para alcanzarlos. En estos hombres todo estaba claro, así estuviera en peligro su vida. Era el rescate irrestricto de sus derechos y su dignidad lo que se colocaba en las líneas de un futuro que, por derecho, era la razón de su lucha. ¡Ahora, son y no, otros tiempos! ¿Los grandes sectores de pueblo que emergieron el 1º de julio con las mismas banderas de los luchadores que murieron defendiendo sus derechos, serán capaces de consolidar los resultados del primer triunfo popular?
En el 5º Congreso extraordinario de Morena se dijo que habrá “victoria final cuando se acabe la corrupción, la violencia y se logre la reconciliación nacional” Pero ¿se pueden lograr estos objetivos cuando al interior del partido y fuera de él, se extingue paulatinamente la vida política para dar paso al pragmatismo burocrático que no quiere o no sabe explicarnos, a todos, el fenómeno que representó el primero de julio? ¿Cómo no preocuparse cuando el trato que se les da a los activistas es inexplicable y poco menos que ofensivo cuando no se les toma en cuenta más que para el trabajo? ¿Cómo conectar la aspiración de lograr la victoria final cuando no hay el intento de construir un partido ligado al pueblo y a sus causas más importantes?
¡En este evento no hubo nada nuevo bajo el sol! Se desaprovechó el momento para hacer un análisis profundo, crítico y autocrítico en el que se recogiera la experiencia de los que operaron a ras del suelo para llevar el triunfo hasta la Presidencia de la República. Fue un Congreso de la burocracia para consolidar el poder de los burócratas. Sólo cuando se habló de modificar los Estatutos, para centralizar aún más las decisiones de las cúpulas, hubo la voz valiente de Carmen Gómez, consejera de Querétaro que los levantadedos de inmediato la plancharon. Los delegados fueron incapaces de romper el cerco del silencio y de la continuidad. ¡Por ahora no hay motivo alguno para que la militancia se sienta contenta! Está ganando la nomenclatura. ¿Hacia dónde apuntar nuestras lanzas para que el triunfo electoral se convierta en la victoria final?





miércoles, 15 de agosto de 2018


El partido, los dueños, los activistas

Por JESÚS SOSA CASTRO

No es poca cosa lo que aportan militantes de Morena para darle vida a la Organización. Me constan los esfuerzos que muchos compañeros hacen. Sin embargo, su trabajo lo realizan sin tener claro respecto a lo que hay que hacer después del triunfo popular del 1º de julio. Hoy se anda en la recomposición de los Comités Seccionales. Esta tarea se ha hecho varias veces y se vuelve recurrentemente sobre lo mismo ¿Qué es lo que hace que esa estructura se descomponga con frecuencia y se desmorone tan pronto se cumple el objetivo?
El partido Morena no ha encontrado el punto fino que lo conecte con sus bases de apoyo. Dirigentes y activistas no comprenden que el propósito de cambiar la sociedad empieza por transformar el partido, sus prácticas políticas y su basamento organizacional. La estructura hasta ahora diseñada sólo está pensada para hacer trabajo electoral, en su quehacer, no está contenida la política, la formación de sus cuadros y el manejo de la complejidad que vive el país. Cuando se centralizan las decisiones, el conocimiento y la trascendencia de las ideas, la marginación política empieza a convertirse en el principal escollo para sacar adelante los proyectos. El triunfo se da cuando se amplía el sujeto político y cuando este hace suyas las causas transformadoras 
López Obrador es el líder más competente y carismático que ha tenido la izquierda electoral. Su presencia y autoridad políticas han sido un paradigma en el intento de cambiar el rostro de la nación. No obstante, estas cualidades pueden convertirse en una retranca para la formación y desarrollo de nuevos cuadros. Los que ahora cumplen esta función son repetidores porfiados de las frases y consignas que se generan en la cúspide de la pirámide. No se ha entendido que la política es un oficio que sólo sirve a la sociedad si éste contiene el conocimiento, la información y la capacidad para operar en cualquier circunstancia, con o sin las indicaciones del líder principal  
Para estar cerca de los adeptos de Morena y del pueblo en general, los comisionados registran serias deficiencias. Cuando los interlocutores preguntan para qué se vuelve a la construcción de los Comités Seccionales, la respuesta es trastabillante o de plano errática. Esta confusión se debe a que no se ha entendido la trascendencia y el contenido del cambio votado por el pueblo, de que no hay las ideas necesarias para informar y convencer a quienes se les propone incorporarse a este tipo de estructuras. El entusiasmo por el triunfo se difumina paulatinamente porque no se percibe cual es la perspectiva y la ruta por las cuales hay que caminar
Corregir estas cuestiones puede evitar el previsible desencanto en aquellos que con su voto dieron inicio a la revolución social que se está empezando a vivir. Conectar lo que pasó el 1º de julio con lo que se aspira para el futuro del país, pasa necesariamente por hacer de la devoción que muchos militantes de Morena sienten por su líder, una práctica política en la que esté presente el pensamiento crítico, la elaboración teórica y una actividad política alejada de la incondicionalidad y la timidez para poner en juego su propia creatividad
La obediencia de la masa debe transformarse para operar con políticas propias, independientes con relación al liderazgo omnipresente que hoy representa López Obrador. Sus cualidades de líder principal serán más fuertes en la medida en que a su lado haya un partido obrero-popular, con una dirección eficiente, organizado, crítico y, sobre todo, actuante. Esto es lo que garantizará que Morena, con o sin la dirección de AMLO, no pierda su vigencia y evite que liderazgos ajenos a su proyecto lo conviertan en otro PRD. Max Weber, en su obra La política como vocación, escribió que “el liderazgo carismático es propio de los partidos políticos en proceso de formación”
Según la concepción weberiana, AMLO mantiene una “forma de autoridad legitimada por una característica personal que es el carisma, que lo presenta como una persona extraordinaria y atractiva frente a los otros integrantes del partido, por lo que ha logrado imponer en la organización su propia visión de la política y su propio programa”
Pero… ¿es esto lo que se requiere en estos momentos de la vida nacional? ¿No sería mejor tener un partido independiente de su poder personal, nutrido con su pensamiento, su integridad y su trabajo, ejemplos a seguir por los que hacen política en bien de la nación? Lo que hasta hoy es el partido no es un ejemplo a seguir, parece tener dueños, todo se decide de manera vertical. Las órdenes que bajan periódicamente hasta las bases están en crisis. A los activistas no se les reconoce nada. ¡Se necesita corregir las cosas, YA!



miércoles, 8 de agosto de 2018


El vino nuevo en odres viejos

Por JESÚS SOSA CASTRO

Para el 19 de agosto está convocado el 5º congreso extraordinario del Movimiento Regeneración Nacional, Morena. Se trata, según se dice en la convocatoria publicada en La Jornada, de llamar a la militancia a respaldar el Proyecto de Nación, el plan de austeridad y la lucha contra la corrupción. En otros de sus apartados se habla de construir el Instituto de formación Política, la modificación a los Estatutos y acordar el procedimiento para la renovación de los órganos de dirección. Podrán participar -dicen- los “congresistas las autoridades electas y las salientes”
Desde luego que el congreso tiene materia suficiente para discutir. Lo malo, lo criticable, está en el hecho de que los de abajo, los que hacen la talacha, los que la nomenclatura trae trabajando casi todos los días, esos, no están tomados en cuenta para que asistan al congreso. Los que definirán los apoyos y la administración interna del partido, son los chipocludos, los de la élite; la pelusa solo está hecha para el trabajo, para hacerle las tareas a quienes se han montado en todas las estructuras del poder
La reiniciada campaña de lodo en contra del Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador no está en la agenda del congreso. Los dirigentes ya no hablan de la mafia del poder, aunque a los ojos de todos, ésta no ha sido ni ganada ni desaparecida. Sólo se agazapó en tanto les mide la temperatura a los camotes y ve si son ciertas las pretensiones de ir a fondo contra las corruptelas, el entreguismo y las políticas que históricamente nos han venido imponiendo la mafia del poder y sus musarañas
¡Que la clase dorada de Morena se ocupe de lo suyo, dicen algunos con marcada displicencia! Nosotros, la plebe -dicen otros- tenemos que prepararnos para las otras batallas, sin duda las más importantes. Hasta ahora hemos ganado la elección, pero falta mucho para ganar el poder. La algarabía que recorre las venas y el corazón de Morena no puede ni debe convertirse en un jolgorio permanente. El adversario ha dejado de lamerse sus heridas, pero ya organiza la ofensiva para recuperar sus viejos privilegios  
Las escaramuzas y las resistencias que mostraron al principio, ya las asimilaron. ¡Lo tienen por perdido, dan por hecho que el primer raund lo ganó el pueblo con López Obrador a la cabeza! Aunque es verdad que les dolió que AMLO no haya tranzado con ellos dadas sus consejas hartamente desprestigiadas, lo real es que ya están pasando a la ofensiva. Sólo obsérvese la compaña contra Bartlet, los coordinadores estatales, la decisión del nuevo gobierno de acabar con los privilegios y con los nidos de corrupción que se encuentran en Pemex, la CFE, la SCJN, en los gobernadores y en las cámaras del Congreso
 El presidente electo habla de que el propósito fundamental de su gobierno es acabar con el régimen político que ha sembrado miseria, violencia, división y muerte entre el pueblo mexicano. Este enorme reto, expresión y exigencia de más de treinta millones de ciudadanos, no podrá cumplirse si no se construye un partido fuerte y democrático con la fuerza y la autoridad para cumplir las promesas y pretensiones políticas hechas antes y después de la campaña. Lamentablemente los operadores políticos de Morena tienen una visión instrumental de su proceso organizativo cuando lo que sucedió en la elección fue una revolución política que llevó al cabo el pueblo mexicano. Su principal triunfo no es que le vayan a dar pensión a todos los viejitos. ¡Lo es y no! El principal triunfo es político. El pueblo decidió romper con el estatus quo para construir un país en el que estén presentes todos sus derechos y todas sus libertades
Estos grandes objetivos no se podrán alcanzar si Morena se empeña en echar vino nuevo en odres viejos. Los llamados “enlaces” que han tenido bajo su responsabilidad la atención del trabajo en los lugares donde está la fuerza que le hace la talacha a los de arriba, ya se están repitiendo con lamentable recurrencia. Llevan un mes festejando el triunfo del 1º de julio y en ello no hay nada sustancioso como para darse cuenta de que se vive un hecho histórico que requiere análisis y seriedad para percibir las tareas del futuro. Leemos los discursos de los “lideres” del partido y no hay creatividad ni propuestas para atender los nuevos desafíos políticos ni autocrítica alguna respecto de las deficiencias de las que siguen siendo portadores 
Según la convocatoria al 5º congreso no hay nada que tenga que ver con el significado del triunfo popular del 1º de julio y la situación actual del país. A la dirigencia no le interesa poner en el centro la organización de la gente, imbuirla de una consistencia ideológica y política, proveerla de una dirección con sentido de clase ¡No! Es una dirección insensible a lo que ya está pasando con la reacción. No se le ve capacidad o disposición  para cerrarle la puerta a la bola de oportunistas de derecha y de izquierda que ya trabajan para adueñarse del partido. ¡Hoy tenemos una Organización huérfana de “líderes” y en consecuencia, de dirección!  ¡Lástima Margarito!
  

miércoles, 18 de julio de 2018


Salgamos de la jaula, pero organizados

Por JESÚS SOSA CASTRO

Según los reportes que obran en mi poder, la estructura electoral de Morena está celebrando legítimamente el triunfo obtenido el 1º de julio. Es obvio que hay razones suficientes para convocarse y disfrutar del primer triunfo del pueblo, tantas veces lastimado por las imposiciones fraudulentas de la burguesía y de sus partidos paleros. Estos actos que reivindican la alegría y la felicidad populares en todo el país están abriendo la puerta para que salgan todos los sentimientos retenidos. La libertad y la justicia, entre otros, son el pendón que porta este entusiasmo tan elocuente y tan lleno de esa identidad que está haciendo triunfador a este movimiento tan joven y tan grande
La gente está abrazando con enorme esperanza las propuestas de campaña de AMLO, en una adelantada e irreversible decisión de presentar al pueblo el diseño de lo que será la estructura jurídica y política del nuevo gobierno. Como si se tratara de un cuadro de Picasso, en todas las reuniones de la militancia se empiezan a mostrar los trazos de una ruta harto difícil y compleja que hoy le toca recorrer al pueblo, a sus cuadros, y a sus intelectuales
Las reuniones que se están haciendo en todo el país para registrar este insólito acontecimiento político, empiezan a entender que hoy, el trabajo no se puede ni se debe hacer para darle apoyo a quienes sólo buscan el poder. Lo que determina el trabajo   en este momento, es la construcción de un partido que se mire los entresijos para que valore la importancia de superar las deficiencias mostradas, otra vez, durante el reciente proceso electoral
Por fortuna, el triunfo y la participación de la gente fueron tan contundentes que no permitieron que nuestras miserias salieran a flote ¡El tsunami arroyó todo! Pero en su tremenda fuerza mostrada, quedaron insepultas las autocomplacencias de varias estructuras electorales en el sentido de que todo estaba resuelto y bajo control. ¡Basta de autoengañarnos! Si en estos momentos la militancia se reúne para festejar el triunfo, hay que aprovechar la contagiosa y presumida valoración del éxito alcanzado para llenar este ímpetu creciente de un proceso de organización que acabe con los grupos de interés, para pasar a la forja de un instrumento capaz de hacer efectivo el proyecto de nación y prevenirnos de la embestida encubierta de los grandes capos del poder económico
Pensé mucho si era conveniente hacer una reflexión de este tipo cuando en estos momentos se aprecia una euforia generalizada por este triunfo que ya necesitaba nuestro pueblo. No obstante, pesó en mi la necesidad de poner al descubierto nuestros desaciertos porque superarlos, es lo que dará consistencia al siguiente paso que tiene que ver con la construcción de esa fuerza proletario popular que tendrá sobre sus espaldas la enorme responsabilidad de convertir el triunfo electoral en una victoria que desmonte todo el sistema de privilegios que por décadas nos han impuesto el sistema y sus gobernantes. Dicen algunos estudiosos de la cultura Tolteca que había en su tiempo, científicos y sabios que al darse la conquista europea éstos se vieron obligados a esconder su sabiduría y a mantener su existencia en la oscuridad. En ese trance, descubrieron que los pueblos tienen muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida para mantener ese sufrimiento. Sostenían que “La felicidad y el sufrimiento son una elección” Haciendo un parangón con lo que hoy sucede en el país, el pueblo de México ha decidido salir de la jaula, de ese encierro que hizo de la dignidad y los derechos colectivos, un ato inerte que amén de su voluntad subyugada, decidió salir de ese espacio sombrío en el que por mucho tiempo sólo se oían los lamentos y la impotencia
Hoy nuestro pueblo camina con una enorme mochila llena de orgullo. Reivindicó sus derechos antes pisoteados por los poderosos para que hoy su gobierno se apreste a darles cumplimiento a partir del 1º de diciembre. Con él iremos hasta el final. No se trata de un cambio superficial ¡NO! Queremos cambiar el régimen político, destruir la cultura del individualismo y de la competencia entre iguales. Ya estamos cansados de poner en el centro los intereses del mercado. Ganamos para atender al pueblo, a sus niños, a sus jóvenes y a sus ancianos. Queremos un gobierno que reivindique a sus muertos, a todos los que murieron luchando por lo mismo que ahora a nosotros nos llena de justificado orgullo y una gran satisfacción. Queremos que las madres y padres que recorren el país en busca de sus hijos desaparecidos tengan justicia. Queremos que al seno de esta patria orgullosa que estamos construyendo con trabajo y alegría, vuelvan a su escuela y a sus familias los 43 estudiantes normalistas hasta ahora desaparecidos. ¡Todo esto y más, es lo que legítimamente queremos!
PD- Nos volveremos a leer en dos semanas, me voy unos días de descanso    

  


miércoles, 11 de julio de 2018


La estampida de los búfalos

Por JESÚS SOSA CASTRO

En semana y media se ha producido en el país un terremoto político. El triunfo arrollador de AMLO fue un triunfo que el pueblo merecía y que trabajó por muchos años de manera silenciosa. Muchos decían que los mexicanos no eran capaces de exigir sus derechos, que era un pueblo conservador, que se alineaba al estatus quo, que le gustaba el confort y que era un pueblo futbolero. Desde luego que hay mucho de lo que dicen sus detractores, pero de que ha dado pruebas de exigir sus derechos, nadie lo puede negar, el 1º de julio lo volvió a demostrar de manera convincente
El epicentro de este sacudimiento estuvo en las cúpulas de los fifís, de los que por décadas se han cebado corroyendo las finanzas públicas, dejando de pagar impuestos, viviendo del trabajo y el hambre de millones de obreros, campesinos y empleados. Junto a los gobernantes han hecho de la corrupción un estilo de vida, han procreado la vacuidad en la cultura, castrado la educación y se han robado, materialmente, las riquezas naturales que son propiedad de la nación. Estos cupuleros y sus peones sindicales que han hecho de esas organizaciones una caricatura, un negocio a su servicio, hoy corren como búfalos a ponerse a las órdenes del nuevo director de la orquesta sin el más mínimo rubor
La actitud vergonzante que están asumiendo, contrasta groseramente con sus guerras de lodo, con sus amenazas de que se iban de México si ganaba AMLO, al que tanto satanizaron, el que iba hacer de México otra Venezuela, el que era un peligro para México, hoy se muestran sumisos ante un presidente que eligió el pueblo con más de treinta millones de votos. Su actitud está llena de explicables zalamerías hacia el presidente electo, dicen que trabajarán por México, que aquí invertirán sus recursos, que impulsarán el desarrollo, que se comportarán como gente “decente”
¡Bien! Parece que estamos ante una recomposición forzada de las fuerzas políticas. Ante los ojos de la sociedad, varios partidos de la “chiquillada” se van de la escena pública porque los ciudadanos vieron que no aportaron nada al proceso de cambio, porque son una carga para el erario, porque no sirven más para la nueva configuración de las fuerzas políticas que trabajan por una nueva democracia. Se les acabaron sus prebendas, sus canonjías y sus trácalas
¿Qué viene ahora para Morena y para el gobierno de López Obrador? Hay una fuerte corriente de opinión que afirma que todo va a ser miel con hojuelas. ¡No es así! La estampida de los fifís indica que no van a renunciar fácilmente a la cultura del agandalle, del tráfico de influencias, de no pagar impuestos, de conducirse como mafiosos. Solo están cambiando de piel, pero seguirán siendo lo que son por su espíritu de clase. De estos guiños y de estos comportamientos deben estar muy alertas López Obrador y el pueblo que lo llevó a la Presidencia de la República
La fiesta popular ya pasó. Ahora viene lo mero principal. Para los que oyeron en las plazas públicas, en las calles y al través de los medios las propuestas de gobierno del nuevo presidente tienen la obligación de exigir y trabajar para desmontar de raíz el sistema de privilegios, de corrupción, de entreguismo, de impunidad y de violencia. Si los fifís ya andan zopiloteando alrededor del nuevo gobierno, es porque están de por medio sus intereses de clase. La posibilidad de que estos se monten y adueñen de las decisiones de gobierno, es una amenaza que hay que prevenir con un trabajo de organización, de vigilancia y de lucha
Estando así el panorama, como ciudadano, llamo a todos los comprometidos con el cambio a que pasemos a organizar de inmediato nuestro trabajo, las formas y propuestas que debemos discutir y compartir con los alcaldes y con los demás funcionarios, que nos convirtamos en la fuerza que impulse las propuestas hechas durante la campaña, los que demos vida real a la democracia participativa, los que impidamos que se vuelva a las viejas prácticas priistas. La construcción de lo que se le prometió al pueblo empieza por un comportamiento distinto de los funcionarios. por la vigilancia, participación y crítica de la militancia y de los ciudadanos sin partido
Que no nos asusten los fifís. Ojalá su conducta recientemente mostrada, signifique un paso hacia la reconciliación nacional. Los que votamos por el cambio tomamos nota de esta actitud, la consideramos inicialmente positiva. Pero al lado de quienes ahora le han rendido admiración y respeto al presidente electo de manera interesada, debe estar el ojo avizor del pueblo. No esperar más que nos llamen o que venga alguien a organizarnos, hay que tomar la iniciativa y empezar hablar con toda la gente poniendo en la mesa el significado de las propuestas de AMLO y la sibilina actitud de quienes siempre han estado del otro lado de nuestro proyecto. Sólo así avanzaremos en la construcción de un nuevo país donde reinen la democracia, la cultura, la paz y la justicia
    
  

miércoles, 4 de julio de 2018


Mi última batalla

Por JESÚS SOSA CASTRO

Confieso que el triunfo de Morena con su candidato a la Presidencia de la República me ha llenado de contento. Desde que en 1964 ingresé al Partido Comunista Mexicano, mi principal batalla la he librado en la lucha por hacer de México un almácigo de sueños y de esperanzas. Junto a decenas de miles de comunistas quisimos hacer un país menos desigual, más democrático y apegado a los intereses del pueblo. En este empeño puse todas mis energías y no me arrepiento de ello. Resultado de todo este andar, guardo un montón de historias sobre aquellos camaradas que, sigilosos, reivindicábamos el derecho de hacer una pinta en los centros obreros o repartir volantes a las salidas de las fábricas donde los patrones o los cuerpos represivos a veces se cebaban contra los activistas del partido
De esa época ya quedamos pocos con vida. Muchos murieron sin haber visto una parte de esos sueños por los que lucharon desde siempre. Otros se replegaron para vivir en la tranquilidad familiar, los menos, seguimos dale que dale abriendo una brecha para empujar ideales, ideas y propuestas que eventualmente puedan servir a la recuperación de todo lo que exige el país para hacerlo un paradigma en el que crezcan lo mejor de nuestros sentimientos, la solidaridad y las virtudes del hombre   
Alimentando estos sueños pasé los mejores años de mi vida. Nunca milité en ningún partido de la derecha ni me preocupé por tener puestos que me llenaran de dinero o de vergüenza. Con honor he recorrido los partidos de “izquierda” sin que en alguno me atajaran intereses bastardos. Mi orgullo personal fue haber ocupado la responsabilidad del trabajo Obrero al lado de Valentín Campa Salazar y de Eduardo Montes Manzano. Haber sido responsable de las relaciones políticas con los Partidos Comunistas de América Latina, estar al frente de las Finanzas en el PSUM y haber sido miembro del Comité Central en ambos partidos  
Tuvieron que pasar cincuenta y cuatro años para que algunos de esa generación hubiéramos tenido la oportunidad de ver el fenómeno político logrado por AMLO y por Morena. Ver el triunfo contundente del pueblo en una primera etapa de su lucha por el cambio, no lo ha logrado ningún mortal en ninguna parte del mundo. A pesar de que a millones nos consta el trabajo que se hizo en todos los rincones del país, de saber y conocer la introyección de las ideas y propuestas de Andrés Manuel en la conciencia de la gente, a pesar, de haber oído pronósticos y estudios demoscópicos sobre nuestro triunfo; campeaba en el ambiente la idea de que otra vez nos arrebatarían la victoria
Pero hay que revisar nuestros juicios. Lo que hoy celebramos no sólo es un acto heroico del pueblo, de su despertar, de su hartazgo, irritación y encabronamiento. También contó y mucho, el tesón de su líder, de su trabajo incansable, de su seguridad y confianza en la gente, en el conocimiento profundo que tiene de la historia, de sus revoluciones y guerras, de los valores arraigados en el México profundo, en la temperatura social que todos los días tomaba en su contacto con ella, en el convencimiento de que los mexicanos saben defender sus derechos cuando así lo deciden y en el trabajo de miles y miles de activistas que recorrieron con él organizándola en los pueblos, regiones y Estados en donde apenas hace unos meses atrás eran territorios omisos a la lucha o de plano espacios de la derecha recalcitrante y rapaz
¡El triunfo del pueblo es el triunfo de AMLO! En esa calidad me siento partícipe y responsable de mi trabajo, de los aciertos, de mis errores y de mis críticas. Nunca he dejado de ejercer este derecho porque nunca he temido que me quiten nada que no haya conquistado por mi actividad, mis ideales y mis derechos. La experiencia que tengo de mi actividad en Morena habla de que entre más preparado estés, mejor conozcas los problemas y más te apoye la gente; la nomenclatura no te dejará pasar. La crítica no les gusta a los trepadores ni a los que han llegado de la mano del más chipocludo
Aun así y a la mejor justo por eso, he disfrutado del triunfo del pueblo el 1º de julio. Lo he gozado porque siempre trabajé para lograrlo. Porque mis camaradas y amigos muertos por los mismos ideales que los míos, hubieran sido felices al ver esta primera victoria. En su honor me felicito por haberlo logrado al lado de millones y millones de mexicanos. Para mi esta ha sido la última batalla que libro. Los años se me han venido como un aluvión y ya poco me queda por hacer. Solo espero oír que los tambores de guerra que hoy vivimos, se vayan apagando al mismo tiempo que se van acabando los alientos de mi existencia. Si esto ocurre me sentiré más que satisfecho