miércoles, 14 de junio de 2017

La izquierda mexicana, tan ciega y omisa como siempre

Por JESÚS SOSA CASTRO

En varias conversaciones y textos diversos, el Dr. Armando Martínez Verdugo, ha dicho y escrito que en política “hay que cambiar las formas de cambiar” Por mucho tiempo esta frase pasaba de largo sin que nadie, o muy pocos, entendiéramos la raíz de su enorme contenido.  Yo mismo la he utilizado para canalizar mis inquietudes que a veces, corrían arroyo abajo sin imaginarme su destino final. Heráclito de Efeso decía que “nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas de un río, porque nuevas aguas fluyen”. En el caso de las palabras nos pasa lo contrario. Si las palabras y las ideas no las sacamos a airear, se nos vuelven obsoletas. A la mitad de la población, por lo menos, les resulta fastidioso  nuestro lenguaje porque los políticos no hemos sido capaces de manejar los conceptos y las ideas que apresuren la conjunción de la teoría con la práctica. Esta vieja forma de comunicación está viviendo una crisis terminal
La juventud que se rige con nuevos códigos y con nuevas herramientas de comunicación, ve extraños nuestros planteamientos porque están envueltos en recovecos y conceptos que no forman parte de sus pensamientos. Sólo basta mirar lo que pasó en las elecciones del Estado de México para cerciorarnos de la enorme distancia que hay entre las propuestas de los partidos y los intereses de la juventud. Si esto es así ¿qué elementos sociales o políticos están motivando la rebelión de esa juventud que está moviendo sus sentimientos en busca de un lugar en la vida nacional? ¿Por qué en las entrañas de México empieza a cuajar la rebeldía de amplios sectores, que antes eran obedientes y sumisos a los dictados del Poder?
¿Será que las políticas que impulsa el gran capital, con la complicidad y aquiescencia del gobierno, no son propuestas para resolver los problemas de la gente sino para ampliar sus márgenes de ganancias? ¿Será que la entrega de los recursos naturales a las transnacionales, el recorte presupuestal para educación y cultura, el abandono en que se encuentra la seguridad social, los agravios acumulados y la incapacidad del gobierno para darle alternativas de vida al pueblo, especialmente a cerca de siete millones de jóvenes; son justamente lo que está revolucionando los sentimientos y la conducta de amplios sectores de mexicanos?
¡El hartazgo social está reventando por doquier! El poder oficial y los partidos políticos están siendo cuestionados y rebasados por su creciente alejamiento de la sociedad y de sus intereses. La irrupción de los millones de ciudadanos que rompieron con ataduras políticas, compromisos corporativos, amenazas y todo tipo de recursos, fue un fenómeno social que los priistas no se esperaban en el proceso electoral del 4 de junio. Lamentablemente, la izquierda tampoco ha comprendido lo que esto significa. El atrevimiento libertario de quienes decidieron votar por Morena a pesar de cuanto el Estado y las mafias locales y federales pusieron en juego, no ha sido valorado ni entendido en ninguna de sus partes
Como militantes y sociedad volvimos a quedar en los límites del ya merito. ¡Y lo peor! El partido más votado por la gente no ha tenido la capacidad para darle rumbo, certeza y dirección política a un movimiento que rompió estructuras, la participación del Estado y los recursos y trampas jamás vistos por nadie. Si este movimiento se disloca en el camino, no habrá poder humano que lo vuelva a levantar porque su gente, habrá perdido la confianza en quienes apenas hace unos días prometieron llevarla a la victoria. Mostraría una vez más que no somos una izquierda ganadora porque no tenemos capacidad ni iniciativa para convocar a las fuerzas políticas y a las resistencias más desarrolladas para construir un proyecto de país donde se acabe con noventa años de patrimonialismo autoritario. Nos atribuimos todas las virtudes políticas e ideológicas mientras a las fuerzas susceptibles de romper con el sistema, las sentamos en el banquillo de los acusados
Los tiempos de “cambiar las formas de cambiar” ya han llegado. Los temblores de los que se afirma se le hicieron sentir a los priistas y al sistema, carecen de sentido porque vuelven a quedar como una perogrullada. Hoy los tiempos pueden llevarnos a una transición sólo si somos capaces de sumar inteligentemente a quienes están diciendo que quieren dejar de ser adherentes del sistema pero no encuentran la opción. Sostengo que el llamado a la unidad de todos los partidos de “izquierda” y de la sociedad, no debe ser un slogan ni una iniciativa que esté en manos de los que demagógicamente la manosean, sino de quienes queremos construir unas verdadera alternativa revolucionaria que deje de ponerle colorete a un sistema carcomido y sin perspectivas

Tenemos la obligación de mirar las cosas con otros ojos. Más allá de Morena hay otros estamentos que están incorporándose al acontecer nacional. Estas fuerzas están haciendo su trabajo al través de formas y procedimientos que recogen la riqueza de un lenguaje y un accionar nuevos, que en otros tiempos permanecieron al margen de las luchas sociales o políticas. Y aunque todo esto tiene hondas similitudes con lo que impulsa Morena, el hecho notable es la incapacidad para comprender lo que sucede ante nuestros ojos: Está naciendo un verdadero proceso de construcción colectiva  para hacer de este mundo, un mundo nuevo, y la izquierda, esa que muchos conocemos y de la que hablamos, sigue tan ciega y omisa, como siempre

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