miércoles, 11 de abril de 2018


¿Los disidentes están equivocados?

Por JESÚS SOSA CASTRO

A medida que se avanza hacia el 1º de julio, personas y grupos militantes y no de Morena, están acomodando sus decisiones político-electorales de acuerdo con sus visiones y sus intereses. Según el destino al que llegan, o mejor aún, del que vienen, son calificados, unos con la crítica severa, inflexible, y otros con abrazos y parabienes. La mayoría de ellos se han incorporado al apoyo de la candidatura de López Obrador que no a las filas del Partido. Para un sector de éste el apoyo es negativo, puesto que, con él, van de la mano la cultura del arribismo, las mañas, los intereses económicos y la potencial implosión que acabaría con el proyecto llamado Morena
¿Qué preocupa o qué molesta a aquellos que expresan apoyo a la Organización o a sus candidatos?  Lo que molesta son las formas, las razones, la inmoralidad y las decisiones antidemocráticas. Sin embargo, quienes están llamando al voto diferenciado o a salirse del partido aduciendo que lo anterior lo justifica, cometen un grave error. Pasan por alto varios hechos: Si su intención es cambiar el régimen político, fuera del partido no podrán hacer nada. No entienden la necesidad de contar con un parlamento mayoritario que garantice sacar adelante el programa de gobierno de la Coalición Juntos Haremos Historia. Tampoco hay comprensión respecto de lo que viven los mexicanos, expresado en la degradación económica, social y cultural, en la falta de perspectivas para cerca de 45 millones de personas de entre 25 y 40 años, la violencia desenfrenada, las desapariciones forzadas y la entrega de nuestras riquezas naturales. No toman en cuenta que todo esto ha producido en la gente un hartazgo y una irritación que el pueblo ya le quiere ajustar cuentas. Esta es la razón por la cual el pueblo pone en juego su voto, aunque aún no entienda la necesidad de una organización con sentido de clase
Los críticos de Morena que se están expresando de manera pública, tienen toda la razón en afirmar que algunos de los que llegan a Morena no han pasado la prueba del ácido. Que muchos de ellos son unas verdaderas alhajitas. Que la inmensa mayoría de ellos aún lleva en sus venas el ADN de la cultura priista. Pero… ¿es solo de ellos la culpa? ¡NO! Los revolucionarios hemos resultado incapaces de formar un partido de clase, representativo de los intereses del proletariado y del pueblo de México. ¿Esta debilidad se refleja en las filas de Morena? ¡Claro que sí! Por eso muchos han caído en la tentación de disfrutar de las mieles que significa ser de la nomenclatura, de tener las ligas con los chipocludos para ser ungidos como los candidatos a ocupar lo que eufemísticamente llaman los encargos populares
Los críticos estamos obligados a examinar la coyuntura con mayor profundidad. Sin demérito de nuestro derecho a mantener nuestras posiciones, es inexcusable poner en juego la parte decisoria de nuestra fuerza, de nuestra razón y de nuestro trabajo a favor de evitar que la polarización social que ya tenemos encima se convierta en un huracán incontrolable que lleve a las fuerzas reaccionarias y oscurantistas del país a imponer un desenlace violento que acabe con la esperanza de ganar la elección el 1º de julio. En su artículo del 8 de abril, en La Jornada, José Agustín Ortiz Pinchetti al hablar sobre estos peligros dice que “los ataques serán múltiples; algunos abiertos otros oblicuos, por radio, televisión, Internet, en las bardas y en los cerros, en todo el paisaje urbano, en los pueblos pequeños y en las aldeas, habrá ataques inteligentes e histéricos, abiertos y subliminales” en contra de AMLO y de Morena. Sólo acoto una frase: los ataques no serán, ya son. El candidato de la Coalición Todos por México y los grupos de poder, ya están ensayando todo, a efecto de potenciar la campaña del miedo en contra del pueblo. Y aunque todo será inútil ante el despertar de la gente que ya hace uso de su inteligencia y de su palabra para explicar las razones por las que esa campaña y sus impulsores fracasarán, no votar, dispersar el voto o romper ahora con el partido, es un error que no debiera cometerse
¿Qué es lo procedente y lo más necesario para los militantes, a pesar de las diferencias habidas y por haber en contra de las arbitrariedades de la nomenclatura o de aquellos pájaros nalgones, responsables directos del desastre que vive el partido en algunos Estados de la República? Leonardo Padura en su libro El hombre que amaba a los perros, da cuenta del debate entre Trotski y los “ideólogos” de Stalin sobre la democracia. Esto escribió: “Los revolucionarios pueden ser cultos o ignorantes, inteligentes o torpes, pero no pueden existir sin voluntad, sin devoción, sin espíritu de sacrificio” “el revolucionario verdadero empieza a serlo cuando subordina su ambición personal a una idea, a un proyecto” Liev Davidovich cerró su frase con una alocución retumbante que le queda a los que desde las cúpulas se empeñan en cerrarle el paso a la crítica y a la inteligencia. “Y como para muchos esas cualidades no existen, les agradezco que tan diligentemente se aparten del camino” ¿Está claro,no?




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