miércoles, 20 de abril de 2016

No vamos en la misma barca pero enfrentamos el mismo mar (*)

Por JESÚS SOSA CASTRO

El Miércoles trece de abril publiqué un artículo cuyo título era “Hay que matar al mensajero” En él, daba cuenta de la actitud autoritaria y grosera de un operador de Morena cuyo nombre no me interesa recordar. Con ese motivo recibí muchos apoyos, comentarios positivos y dos que tres opiniones admonitorias. Entiendo que unos coincidían conmigo en los señalamientos críticos que hacía y a otros les preocupaba la suerte que podía correr a partir de las amenazas denunciadas. Quiero decirles a unos y a otros, que procuraré hablar más de la política y menos de los políticos. Estos, ya nos tienen hasta la madre. Pondré en el centro del debate los problemas que a mi juicio, están presentes en la vida pública nacional.  De todos modos, a todos agradezco sus puntos de vista
Debo decirles que durante muchos años he luchado contra el sistema. Con ese afán hice míos los esfuerzos y la lucha de revolucionarios como Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo, Demetrio Vallejo y de un obrero, comunista excepcional, llamado Arnulfo Córdova, desaparecido y asesinado por el sistema. Con él fundamos la sección sindical de los mineros de Nacozari, Sonora. Era la época de la entrega, de la pasión y el orgullo. Vivir a salto de mata y a veces encarcelado o reprimido, nunca fue pretexto para dejar de hacer el trabajo revolucionario. No es aceptable, por tanto, que un burócrata ponga en duda mi honestidad y mi trabajo 
Es verdad que no todos vemos la luz de este momento ni menos entendemos la complejidad en la que se debate el país. Para estar a la altura de estos requerimientos se necesitan líderes de verdad, de esos que no les da miedo entrar en contacto con la gente. Ya pasó la época de los dirigentes nailon, de los burócratas que ordenan y mandan desde su escritorio. La sociedad mexicana ya está madura para ocuparse de una transformación de fondo que la saque de la ignominiosa situación en que la han metido los mafiosos del sistema. Sólo falta contar con una dirección revolucionaria, capaz, incluyente, que no se la pase viéndose el ombligo, que se articule con los sectores en lucha y que no lastime a su propia militancia
La necesidad de un cambio profundo en el país asoma en todas partes de nuestra geografía. Lo que sucede con los 43 desaparecidos en Iguala, con los maestros, con los estudiantes y con amplios sectores del pueblo, es el anuncio de que la conciencia por el cambio está despertando. ¿Quién de los partidos está atendiendo estos movimientos? ¡Nadie! Todos están ocupados en las cuestiones electorales. Y esto, quieran o no reconocerlo los dirigentes de esos partidos, son su principal debilidad. Los cambios vienen de la participación de las masas en lucha. Los movimientos que cuentan con una dirección revolucionaria
Que las organizaciones políticas del sistema no vean ni trabajen sobre esto, se explica. Pero el partido que convocó al cambio, a la lucha por la democratización de la vida nacional, no puede caer en esas perversiones. Para tener autoridad y ser creíble ante la sociedad no se puede ser candil de la calle y oscuridad de su casa. Quien condena la centralización de las decisiones de gobierno y critica las deformaciones y los abusos del poder, no puede enmudecer ante los atropellos y la falta de democracia al interior de su propio partido. Aquel planteamiento histórico que se hizo cuando se trataba el asunto de su fundación, señalando el respeto a la pluralidad y a la libre expresión de las ideas, no puede ni debe quedar en mero pronunciamiento. La pluralidad del partido debe materializarse en el respeto a la pluralidad ideológica y política de sus miembros. ¡Nunca más el pensamiento único!   
Hemos llegado al punto en que esta pluralidad debe ser escuchada. Las diferencias políticas no se resuelven sancionando o expulsando a los que no ven las cosas ni comparten lo que hacen muchos de los dirigentes. Los liberales juaristas aportaron planteamientos políticos de los cuales hay que aprender. Los Generales Loera y Gorostieta, representantes de Benito Juárez en Nueva York, solicitaron, en su tiempo, una entrevista al Ministro Matías Romero que se encontraba en Washington  para pedirle ayuda y poder alquilar un barco que trajera armas y parque para el ejército liberal. “Después de muchas largas y antesalas, les concedió quince minutos y no les resolvió el problema. Debido a esa actitud uno de los generales exclamó: Estos revolucionarios no entienden que no estamos en la misma barca pero sí enfrentamos el mismo mar”
No es casualidad, por tanto, que la grandeza del trabajo revolucionario y la nobleza de aquellos que entregan su vida a la lucha por la revolución, vayan más allá de los que siempre dicen a los señores del poder. Hay que poner en juego lo que señalaba Don Erasmo de Rotterdam: “Lo institucional de nada sirve, si el hombre no hace uso de su conciencia y de su libertad”  Depender de las burocracias políticas es como depender de los capataces. Hay que aprender de la inteligencia, no de la estupidez, como bien dijo, el gran Pepe Mujica. ¡De lo contrario, este país no tendrá salvación!


(*) Conversación de dos generales juaristas, narrada por Vicente Quirarte en “La isla tiene forma de ballena”



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