miércoles, 5 de octubre de 2016

Un viaje al rumbo de dos Rumberos

Por JESÚS SOSA CASTRO

Mario Vélez Merino es un Rumbero hiperactivo. Lo conozco haciendo cosas de distinta naturaleza desde hace décadas. Fue campesino en sus años mozos., estudiante y líder de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, FECSM, Maestro Rural, mojado en EU,  Chofer de peseras en Puebla, defensor de presos políticos, líder campesino y de unos años para acá, integrante destacado de Rumbo Proletario. Nuestro trato y amistad vienen de antaño. Sin recuerdos vergonzantes, fuimos campesinos puros, nuestro caminar por los montes bajo el sol quemante de la mixteca poblana nos permitió conocer las primeras enseñanzas de la libertad. El ser del mismo rumbo nos hizo conocer las mismas dolencias sociales. La pobreza, el abandono y la violencia. Estos fenómenos han sido en la historia de nuestra región, las oprobiosas formas en que se ha cebado el capitalismo contra nuestras poblaciones
Recuerdo que allá por los años setenta, a mi pueblo rodeado de montañas, llegó Mario Vélez montado en un brioso caballo al lugar donde se encontraba mi familia. ¡Móntale, me dijo! No me espantó el reto. Pues desde que tenía ocho años, en el lomo de mi caballo, subía y bajaba por los cerros y cañones pastoreando el ganado de mi padre. Tomé las riendas del caballo de Mario y mostré felizmente mis habilidades. Mi Esposa citadina quedó patidifusa por tal atrevimiento. Desde entonces Mario y yo fuimos amigos. Y aunque por los altibajos de la vida nos perdimos por varios años, hoy seguimos siendo hijos del maíz, de los pueblos olvidados y de esas tierras infértiles pero cuyas raíces, nos siguen teniendo atrapados para siempre
El otro día que nos reunimos en el VI pleno de Rumbo Proletario en la ciudad de México, mi camarada y paisano me pidió que lo acompañara a un acto político en esta región de la montaña. Hablaríamos con nuestra gente, recordaríamos en colectivo los momentos que juntos vivimos por décadas y al final, comeríamos, me dijo, elotes y tamales con jocoque que se producen en esa árida región. Fue un encuentro inolvidable. Saludamos a nuestros viejos y a nuestros jóvenes. La pobreza de siempre nos golpeó Nuestro reencuentro con ellos estuvo a punto de ser memorable. Por desgracia lo que tengo que decirles resulta difícil de contar, pero ni modo, tengo que compartirlo para ver si sabidos de esta barbarie, disponemos nuestras fuerzas para cambiar la vida de nuestros indígenas que hoy, son víctimas del despojo capitalista
Parodiando a Dostoievski podría afirmar que la amistad es la expresión más grande del comportamiento humano. Cuando las circunstancias de la lucha puso  en peligro mi vida, Mario dispuso para mí todo su apoyo para garantizar la seguridad de mi familia y mía. En las distintas actividades políticas a las que me ha convocado por las tierras poblanas, he podido observar su profunda cercanía con las demandas de los pueblos indígenas. No es un hombre de dinero, pero le sobra corazón para prestar auxilio y organizar a la gente para que luche por una auténtica vida humana. Su lenguaje es somero, sin rebuscamientos y con grandes enseñanzas para salir de la postración política en la que se encuentra la mayor parte de nuestro pueblo
En reunión con una parte de lo que fue la civilización Mixteca, orgullo del pueblo amerindio de Mesoamérica que influenció la civilización maya en el Sur y permaneció independientes de los Aztecas del norte, con esa cultura que elaboró la mayor parte de los códices de contenido no religioso anteriores a la conquista, hablamos de política y compartimos el pan y la sal. Estos pueblos fueron heroicos defensores de sus tierras y oponentes constantes de las políticas de los monarcas. En esta parte de la geografía y de la historia, Mario y yo pudimos ver qué tanto nuestra gente conserva sus raíces
Como sucede en muchas de estas poblaciones, los sábados y los domingos los espacios públicos se convierten en una mercadería. Los indígenas venden lo que pueden: Maíz, frijol, cuatomates, huajes, queso, jocoque, comida y todo tipo de cosas. Se trata de atajar la pobreza, el olvido y pasarle revista a la miserable conducta de los gobernantes mediocres. La nobleza de Mario lo llevó a comprarle la mercancía a las ancianas, sin llevársela. A cambio de ese gesto, les pidió a las señoras que participaran en una reunión en la que se tratarían algunos de los problemas que padecen. No se cómo explicar lo que en este encuentro pasó. Pero fue evidente que al explicar las cosas de manera comprometida, asomaban las salidas que la fuerza popular puede lograr para remontar esta situación. Los rostros de las personas reunidas expresaban indignación. Algunas viejas arrugas eran refrescadas por el llanto que discreto bajaba por esas caras golpeadas por la pobreza y la desesperanza  
Vi y oí que los planteamientos de Rumbo Proletario, manejados con fluidez y en forma didáctica, era una especie de alimento espiritual que caminaba hacia las entrañas de la gente. Sus ojos brillaban cuando las palabras sembraban la verdad sin falsas esperanzas. Otros, se levantaban de las piedras que les servían de asiento como si de pronto su ansiedad quisiera recuperar el valor civil de la protesta. Estos pueblos, le comenté a Mario Vélez al despedirnos, no se merecen vivir como viven. Y aunque no lo convine expresamente con él, estoy seguro que pronto volveremos por estas tierras inhóspitas- A estos pueblos les sobra razón y fuerza para organizarse y levantar la voz para lograr una vida auténticamente humana. ¡Estoy seguro que volveremos!
Twitter@rasocas



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