miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mancera, el gran fiasco

Por JESÚS SOSA CASTRO

Los electores de la ciudad de México estamos decepcionados del gobierno de Mancera. Nos salió vano, sin rumbo y represor. Se pasó al lado de los hambreadores inmobiliarios y abrazó sin pudor las políticas antipopulares de Enrique Peña Nieto. Los derechos sociales y políticos ganados por los citadinos, nos los arrebató el elefante blanco por el que votamos hace tres años y que a la fecha, se ha hecho enormemente chiquito. Se olvidó de sus ofrecimientos de campaña y pronto devino en un funcionario gris rata como muchos que pululan por el país. Vivimos una experiencia que no podemos pasar por alto. El 63% que votamos por él, nos equivocamos. Elegimos a un gobernante, inepto, reaccionario y proclive a las prácticas fraudulentas
Nuestra ciudad la han convertido en una ciudad policiaca. Los “guardianes del orden” son una banda de forajidos con placa. Por todas partes se aparecen no para dar seguridad a la población sino para agredir y para robar, para extorsionar a los ciudadanos. ¡Son unos verdaderos ladrones! La ciudad se nota envejecida y abandonada. Las plazas públicas y las calles de esta gran ciudad están llenas de basura, hoyos y baches. Los mercados públicos abandonados, las estaciones del metro destartaladas, colmadas de gente empobrecida por el sistema.  Las luchas sociales las han criminalizado                                   
Lo más grave que ha vivido la ciudadanía es la cancelación de sus derechos democráticos. En su afán de abrazarse al gobierno de Peña Nieto, Mancera ha hecho del fraude electoral su principal comportamiento político. Este modus operandi y sus deslices corruptores son lo que le ha dado sello a su gobierno. Al arrebatarle el triunfo a los jefes delegacionales de Morena en Gustavo A Madero, Iztacalco y Coyoacán se le cayó el poco crédito político que conservaba. Aunque a decir verdad, parece que el TEPJF le va a enmendar la plana a Mancera
¡Es obvio que el Jefe de gobierno no camina por la ciudad! De hacerlo, ya se habría dado cuenta que las calles están convertidas en mercados. Si un automovilista quiere estacionar su vehículo en alguna parte o un peatón caminar por las banquetas, no puede hacerlo porque muchos vecinos y franeleros se han apropiado de ellas llenándolas de huacales o de barras de fierro. El jefe de gobierno nos quitó el zócalo para convertirlo en canchas de fut bol para sus deportistas balines, para hacerlo estacionamiento de políticos agachones y para llenarlo de mentecatos acarreados para oír el grito de Peña Nieto.   ¿Dónde quedaron los derechos humanos contenidos en la Constitución de la República?
En la ciudad de México ha surgido el fenómeno de la apropiación de las calles. Tal vez sea una reacción de los ciudadanos ante el despojo que han venido sufriendo en su patrimonio nacional. Es verdad que la pobreza está invadiendo las calles. Las personas han hecho de todo tipo de espacios su principal y único modo de subsistencia. Este fenómeno social es la violación sistemática de los derechos de los habitantes y el reflejo e incapacidad de los gobiernos para atenderlos   
Si el gobierno central hace lo que hace, los caciquitos de las delegaciones, lo imitan haciendo lo mismo. Si los vecinos quieren disponer de un espacio público para deliberar sobre sus asuntos, los vándalos y los policías al servicio de los Delegados se aparecen para impedir la reunión. Estos espacios, señor Mancera, son de los ciudadanos y no del gobierno. ¿Por qué sus achichincles y los de la mayoría de los jefes delegacionales hacen lo que hacen?  ¿Será que la idea de vender y de privatizar todo, está contaminando la conducta social de los ciudadanos? Hoy cualquier persona, mediante los moches, hace de la calle o de la banqueta un coto privado que sirve a sus intereses personales  
El fenómeno de los franeleros, es un caso lamentable. Son los dueños de las calles que antes eran de los ciudadanos. Hoy todo se vende o todo se compra. El jefe de gobierno y los delegacionales, son los que están generando este fenómeno de apropiarse de los derechos y de los espacios de la gente. Los que vivimos en la GAM vivimos en calles llenas de inmundicia. Los fines de semana, las peregrinaciones y las fiestas guadalupanas no nos dejan movernos. Sufrimos todo tipo de actos gandayescos. Los delincuentes son tolerados y comandados por personas de la Delegación. Hacen un gran negocio al margen de la ley. ¿Y el gobierno dónde está? ¿Qué hace ante estos atropellos? ¿Por qué se dejó arrastrar por los intereses de la derecha si se supone que lo elegimos los de la izquierda? ¿Y la ética de su gobierno, señor Mancera, en dónde la tiró? ¡Carajo, señor, qué desperdicio!
                                        


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