viernes, 1 de enero de 2016

Una nueva cultura para un nuevo militante

Por JESUS SOSA CASTRO

Importantes sectores del pueblo mexicano estamos empeñados en cambiar el sistema político social que tenemos. En este intento, hemos recorrido varios caminos y vivido importantes experiencias. La mayor parte de estos no dieron los resultados buscados. Electoralmente, en cuatro momentos de nuestra historia, la burguesía se ha impuesto mediante fraudes electorales. En julio de 1952, esta clase social y varios “caudillos” de la Revolución, impusieron a Adolfo Ruiz Cortines contra Miguel Enríquez Guzmán. En 1988 Cuauhtémoc Cárdenas perdió por el fraude que le hicieron estas fuerzas con Carlos Salinas de Gortari a la cabeza. En el 2006 impuso a  Felipe Calderón Hinojosa cuando el que ganó la Presidencia fue Andrés Manuel López Obrador. En el 2012, la burguesía hegemónica, volvió a repetir el fraude en contra de AMLO
En noviembre del 2012 surge el Movimiento Regeneración Nacional, Morena. Su nacimiento se dio debido a la incapacidad política y a la traición del PRD. La izquierda de entonces no pudo impedir el fraude del 2006 y del 2012. Lo más grave de este partido, fue haber abandonado la lucha por un cambio real del sistema. Al paso de los años, esta izquierda claudicante se entregó al poder y sepultó su proyecto político. Perdió sus bases y sus ideales y se convirtió en vergonzante defensor del statusquo
Ahora, Morena tiene ante la sociedad un importante y enorme compromiso. Ser lo que no pudieron o no quisieron ser los otros partidos. Ir por la transformación real del país es una enorme responsabilidad. El sistema burgués, ha trabajado por años para mantenerse en el poder. Ha recurrido a todo. A la sociedad la ha empobrecido, enajenado, le ha arrebatado su espíritu de combate, le ha quitado su dignidad, sus riquezas naturales y ha procreado una casta de gobernantes malvivientes, viles, que son una vergüenza nacional. Esta burguesía ya casi cumple cien años de estar en el poder
Resolver este ato enorme de complejidades requiere de mucha fuerza, de organización y de mucha claridad política.  Alcanzar los objetivos propuestos exige una clara conciencia de lo que enfrentamos. De un gran esfuerzo unitario, con las luces necesarias, para no ver sólo los elementos del poder, de los puestos y de los intereses personales o de grupo, sino mirar hacia una transformación profunda del país. El alma de la lucha de Morena está más allá de la lucha por los puestos. La sociedad nos ha tomado la palabra. Ahora tenemos que cumplirle con lo que decimos 
Junto a todo esto, los militantes de Morena necesitamos poner en el centro del debate el cuerpo principal de nuestra lucha. En general decimos que luchamos por un Proyecto Alternativo de Nación, que queremos el cambio verdadero, que vamos por una ciudad democrática, plural y con derechos. Que luchamos por un país sin corruptos y sin ladrones. ¡Todo esto está bien! ¿Pero cómo hacer que los militantes estudien a fondo estos documentos? ¿Estamos tomando medidas serias para lograr este objetivo? ¿Tenemos las fuerzas, la organización, los militantes, las políticas para enfrentar estas necesidades que requiere la transformación del país?
Como militante de Morena me preocupan estos asuntos. Lo que se ve y lo que se hace, hasta ahora, poco tiene que ver con estas necesidades apremiantes. Nuestras bases no tienen tiempo o el hábito de estudiar. No conocen su proyecto político, sus documentos básicos. No se les reconoce ni entienden su derecho de autodeterminación. Todo les viene desde arriba. No hay discusión, análisis de lo que pasa en el país. Nos ocupan la afiliación, las firmas, las consultas, la repartición de volantes, los foros, las reuniones, la integración de los comités territoriales y el llenado de formatos de todo tipo. ¡Seguramente que esto hay que hacerlo! Pero y ¿dónde queda el estudio de los grandes y complejos problemas que vive el país?  
Hoy la tarea es recoger 2.5 millones de firmas para la consulta ciudadana. Se ha metido a la gente a una carrera en donde si incumples la meta, no eres un buen protagonista del cambio verdadero. Se pierde de vista que ese “ejercito” de voluntarios sólo da su tiempo libre, pues tiene que trabajar para comer. ¡No hay conciencia de lo que está atrás de la privatización del petróleo y sus derivados! La gente asume que estas tareas son importantes y seguramente las cumplirá. ¿Pero con qué haberes formativos se quedan los activistas y  la gente? ¿No importa el contenido? ¿Acaso no es necesario abrirle espacio al estudio, al análisis para no hacer tan endebles y vulnerables los objetivos que busca Morena? 
Hay que reflexionar sobre cómo enfrentar a la burguesía y a sus partidos satélites. Ellos tienen años preparándose. Tienen ejércitos pagados y formados para hacer fraudes, para controlar el hambre, la inconformidad y la irritación de la gente. Están haciendo leyes para seguir dominando la escena política y electoral. En cambio Morena no está en eso. La organización y la formación de nuestras estructuras marchan lentamente, porque nuestra gente, la que trabaja para Morena, anda en el activismo permanente. Creo que estamos a tiempo para cambiar un poco el rumbo de nuestro trabajo. Un partido que no hace política, que no procura la discusión interna, que no promueve seriamente el estudio y la reflexión, que no se liga a los movimientos de resistencia, está haciendo mal las cosas. ¡Estamos a tiempo para empezar a cambiar!


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