jueves, 27 de abril de 2023

 

El desenfreno y el odio de los zopilotes

Por JESÚS SOSA CASTRO

Como en la obra de Paco Ignacio Taibo II, en la cual se habla de la docena trágica, seguimos viviendo episodios que conmueven a la mayoría de la sociedad mexicana. Después de treinta y cuatro años que Porfirio Diaz “gobernó” el país, surgió una oligarquía de fuertes rasgos aristocráticos que se injertó en la estructura poblacional que aún hoy padecemos. Su régimen fue apoyado por la clase dominante y su estructura, principalmente visual, olvidó hacer cambios sustanciales en la situación de miseria del campo y de la ciudad. El país fue sumergiéndose en la pobreza dando origen a un enfebrecido movimiento opositor que hizo explosión en 1910-17 encabezado por el apóstol Francisco I Madero

La desigualdad social era extrema. La mayoría de la población sobrevivía en la miseria, mientras una minoría de hacendados, capitalistas nacionales, extranjeros y altos mandos del ejército; disfrutaban de grandes privilegios y de enormes recursos económicos. El poder político se concentró en una élite burocrática, con Porfirio Díaz a la cabeza. Desde entonces salió a la luz pública todo. Aparecieron las riquezas de unos cuantos, los oportunistas montados en las filas del poder y los carroñeros y asesinos dando rienda suelta a sus instintos criminales. Se dejaron de lado las demandas del pueblo, se rompieron las relaciones con él, creándose las condiciones para que apareciera lo que Paco Ignacio llamara en su libro el Tiempo de los zopilotes (*)

Más allá de que los buitres estuvieran tan cerca de Madero, como jefe de la Revolución y como presidente de la República, no supo enfrentar a sus enemigos y a los planes conspiradores de los militares asesinos como Mondragón, Reyes, Díaz y Huerta. Es decir, a los Zopilotes que siempre estuvieron al acecho. Herederos de estos truhanes, hoy, a ciento seis años de la revolución, vuelven a poner en el escenario nacional sus instintos demenciales, golpistas y carentes del más elemental humanismo. No han reparado en su condición de zopilotes hambreados que, en estos tiempos, expresan abierta y públicamente, su brutal, demente y rabioso deseo de ver fuera de combate al hombre más grande, trabajador y honesto que ha parido la república en los últimos ochenta y tres años

¿Por qué la ultraderecha, los resentidos políticos, los columnistas y algunos políticos de mierda se muestran tan bestias y faltos de razón en los momentos en que el presidente se contagia por tercera ocasión de COVID? ¡Porque nunca antes había habido un gobernante que los pusiera en su lugar! Que les quitara los humos, los privilegios y acabara con sus raterías en contra de los bienes y recursos de la nación. El presidente López Obrador acompañado por la mayoría de su pueblo, los tiró de la cuna en la que se mecían creyéndose los poseedores de títulos nobiliarios y dueños del cielo y de la tierra. Creyeron que el poder y el dinero los hacía intocables y propietarios de la horca y el cuchillo para deshacerse de los opositores, de los pobretones y de los indios patas rajadas   

Pero se equivocaron. El presidente apareció sano y salvo el miércoles 26 de abril y les dijo a sus adversarios “El muerto que vos matáis, goza de cabal salud” Lo que estos agoreros de la muerte hicieron circular en todo el país y en el mundo, fue el mecanismo mendaz que muchos zopilotes y resentidos políticos utilizaron para descarrilar el proyecto del pueblo que los echó del gobierno por corruptos y buenos para nada. Sus acciones se convirtieron en un búmeran que los volvió a colocar en el punto donde estaba su miserable humanidad. Su alma de villanos, carente de los más elementales sentimientos de solidaridad, inició una danza alrededor de su santa muerte, que hoy arrastran como una reliquia hacia sus funerales. Su memoria será sepultada para siempre en el 24. Su falta de proyecto político, su desventurado comportamiento ante el dolor humano, su necrofilia enfermiza contra quien les ha atado las manos para que no sigan robándole al país, los van a convertir en un séquito mortuorio que los acompañará en su próximo entierro político

¡Por lo pronto no se les hizo! Otra vez les fallaron sus cálculos y sus deseos de desaparecer al gigante que gobierna la nación. Entre más lo golpean y buscan la manera de acabar con él física y políticamente, el símbolo y la bandera que representa, luchan codo a codo, para convertirse en los enterradores de los que, sin nada en el alma y el corazón, solo albergan resentimiento, venganza y rabia contra el hombre que vuelve a mostrar su rostro con el orgullo y el honor de haber desplumado, otra vez, a la zopilotera de la derecha

(*) Temporada de zopilotes, Paco Ignacio Taibo II, Editorial planeta

 

 

 

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