domingo, 29 de octubre de 2023

Mi padre y el canasto de abejas

Por JESÚS SOSA CASTRO

Me desperté después de sentir un golpe seco en la boca del estómago. Quien me lo había propinado no existía físicamente ni creo que algo tuviera que ver la presencia memoriosa de mi padre. Tampoco era una pesadilla. Era mi estado insomne que me había puesto enfrente el recuerdo de quien me formó en la defensa de las causas populares. Mi progenitor siempre sostuvo que eso era lo digno, lo importante. Por eso en este sueño fastuoso su estancia virtual me alegraba el corazón. Me explicaba que estuviera sentado en la puerta de mi cuarto, contento. Lo que no le encontraba sentido era que estuviera abrazando un canasto lleno de abejas. Quería decirme algo, supuse. Observaba que no podía controlarlas, se le escurrían dentro las manos queriendo alcanzar su libertad

Aléjate, aléjate, me decía con una preocupación indescriptible. Dejando atrás de mí sus palabras, caminaba y caminaba, siempre viendo hacia donde estos insectos hacían esfuerzos por librarse de sus manos. Ver eso me ahogaba. En ese incontrolable delirio, sentía que un hilo de lágrimas corría por mi rostro, impetuoso, sin que nada lo pudiera detener. Me caló ese sueño, mi padre lo perdí hace cerca de veinte años y no me explico por qué frecuentemente vuelve conmigo. ¡No le encuentro lógica a esta recurrencia! Menos me explico que habiendo sido mi madre una heroína del trabajo doméstico y formadora de sus nueve vástagos, no aparezca en mis sueños como ocurre con mi padre. La recuerdo, eso sí, trabajando y sufriendo por la pobreza que humillaba sus sentimientos y quebrantaba su corazón. Lloraba cuando en las noches veía a sus hijos acostarse en el petate cubriéndose con costales de yute y con el estómago vacío

Mis padres asumían con humildad la situación que las familias del campo padecían en esos lugares inhóspitos. La oscuridad de las noches sólo era alumbrada por las luciérnagas y alterada su paz por el canto de los grillos que rompían la silente tranquilidad de la serranía. ¿Cuáles son las razones por las que mi madre aparece menos en mis sueños y en mis elucubraciones fantasiosas? Es una respuesta que busco sin mayores resultados. Sin embargo, cada vez que se acerca la fecha del día de los muertos, mis pensamientos corren presurosos al encuentro de ambos. ¿Será porque juntos construimos nuestra historia y hoy los hijos la arrastramos por las difíciles y complejas circunstancias de la vida?

Las tumbas de mis padres están separadas por decenas de kilómetros. Las une la aridez de las montañas de la mixteca poblana y un remanso lleno de religiosidad en la que ellos se formaron. Como pocos, viví las consecuencias de esa cultura, fui adoctrinado en esos menesteres, serví de monaguillo en la iglesia de mi comunidad y presumía que con mi primer salario vestiría a los santos de mi pueblo. La vida me hizo transitar hacia una formación política en la que estaban presentes las ideas de Marx, de Lenin y de Rosa Luxemburgo. Formé parte del Movimiento de Liberación Nacional que encabezaba el Gral. Lázaro Cárdenas del Río, participé en la campaña electoral de Ramón Danzós Palomino a la presidencia de la República, formé parte del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, fui uno de los enlaces entre el PCM y el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas para que su partido liberara a Arnoldo Martínez Verdugo que tenía secuestrado. ¡Mis promesas religiosas, fueron, obviamente, incumplidas!

A muchos años de mi vida, no me da vergüenza el haber sido un niño campesino pobre. De joven y luego de viejo fui una persona ligada al trabajo, al estudio, a las ideas y a la lucha revolucionaria. En el centro de mi quehacer siempre estuvieron presentes mi honestidad, mi honor y mis convicciones políticas. Cuando fui monaguillo y creyente de los ritos católicos, siempre me conduje con respeto y devoción. Una vez que abracé otras ideas y mi formación ideológica desplazó mis anteriores creencias, lo hice convencido de que estaba haciendo lo correcto. Como en todo han estado conmigo mis padres y su espíritu me ha seguido alimentando, hoy los quiero recordar a propósito de estas fechas llenas de simbolismo. Ya no hay ofrendas como antaño lo hacíamos en el campo, tampoco hay explicación sobre el canasto lleno de abejas, lo que sí hay, es la seguridad de que, en mis sueños futuros, seguirán estando presentes los nombres de mis muertos 

 

   

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