miércoles, 22 de octubre de 2014

Los muertos del sistema
Por JESÚS SOSA CASTRO
El asesinato de seis jóvenes y la desaparición de 43 más de la Normal Rural de Ayotzinapa, es la parte visible de la cadena criminal que el poder de la burguesía le está infringiendo al pueblo mexicano. No es un hecho aislado ni los asesinos son diferentes. Las víctimas y los victimarios son los mismos desde que se conformó el poder piista. Sus nombres son distintos y sus apariencias diferentes pero su ADN muestra que allí se encuentran los mismos instintos criminales de su historia. Desde el asesinato de los Flores Magón, de Villa, de Zapata, pasando por miles de jóvenes revolucionarios, opositores al régimen o activistas políticos que han caído bajo las mismas balas, los asesinos han sido los mismos. Sólo han cambiado de piel y de apellido. Sus nombres son Porfirio Díaz, Francisco I Madero, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto
Cuando el sistema vio amenazados sus intereses o el pensamiento opositor manifestaba su inconformidad por las afectaciones que sufría, los sicarios del sistema dieron órdenes a sus marionetas para que empezaran a operar y procedieran a eliminar a esos opositores. Estos sólo cometieron el “error” de ser jóvenes y oponerse a las políticas rapaces de los gobernantes. Un somero recuento de lo que ha registrado la historia en el curso del último siglo y lo que va del presente, nos ha dejado una estela de crímenes que nos llena de vergüenza. Miles de líderes y opositores sociales han sido eliminados por las fuerzas públicas y con el mayor desprecio a sus derechos humanos, se deshicieron de ellos  echándolos al mar o quemándolos vivos en cientos de fosas clandestinas que hoy se están descubriendo
Lo que el sistema ha hecho con los jóvenes normalistas, cuya convicción era formarse culturalmente para servir a su pueblo y entender lo que les está imponiendo la degradación de un sistema enfermo de poder, es un agravio a la sociedad. En todos los rincones de la patria hay indignación por la incapacidad, la complicidad y la impunidad con que están actuando los funcionarios de todos los niveles de gobierno. La gente se siente humillada por la opresión capitalista y por los crímenes de Estado que se multiplican como hongos en toda la geografía nacional. Los ciudadanos indignados pensamos que ha sido el capital el que ha segado la vida de los jóvenes de Ayotzinapa. Ha sido él quien asesinó a 22 personas en Tlatlaya, el que mató a 17 campesinos en Aguas Blancas, el que asesinó a 45 indígenas en los altos de Chiapas, el que tiene desaparecidos a 43 estudiantes desde el 26 de septiembre en Iguala y el que ha regado el territorio nacional con más de 150 mil cadáveres
Es el sistema prianista-perredista el que ha asesinado la soberanía nacional, el que se oxigena matando el legado histórico construido por el pueblo mexicano, el que se sostiene hipotecando los recursos del subsuelo, del suelo y del aire, porque en sus entresijos se contienen los intereses del capital, el que aprueba leyes que legalizan el entreguismo, el robo y la traición. Es el sistema que asesina a nuestros hombres y mujeres, el que mantiene en la zozobra, el hambre y la opresión a millones de jóvenes y niños que no tienen escuela, ni empleo, ni futuro
Lo que pasa en el país es la subordinación y el vasallaje al capital extranjero. Es el capitalismo salvaje el que está presente en el ataque al Instituto Politécnico Nacional, el que arremete contra la educación porque le parece que ésta se está saliendo del orden establecido. Es el sistema el que mantiene al pueblo en los mayores índices de pobreza, de desempleo y de represión. El que procrea a los ninis y el que prostituye la conciencia popular. Son los Carlos Slín, los Jerónimo Arango, los Alberto Bailleres, los Salinas Pliego, los Lorenzo Zambrano, los Roberto Hernández, los Salinas de Gortari, los Beltrones, Elba Esther Gordillo, Fernández de Cevallos Emilio Chuayffet,Miguel Ángel Osorio Chong, David Penchina, los chuchos, Peña Nieto y demás alacranes; los que tienen sumido al país en un callejón sin salida y los que en algún momento de la historia tendrán que responder por los crímenes que el Estado está cometiendo en su nombre
El asesinato y la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa corren en paralelo con los permanentes ajusticiamientos perpetrados por fuerzas militares o paramilitares y con las sistemáticas violaciones a los derechos humanos. En todos estos crímenes, está la acción y la omisión del sistema político Mexicano. El Estado y los grandes magnates que determinan el poder en México no solo han mantenido una política de criminalización de las resistencias y las luchas populares, sino, a través de estas acciones de gobierno, está la implementación sistemática de un verdadero terrorismo de Estado en contra del pueblo, en contra de los pobres y en contra de sus jóvenes
La muerte y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa es un crimen cometido por el Estado Mexicano con la complicidad del capital financiero nacional e internacional. El gobierno federal sabe quiénes dieron la orden de asesinar y secuestrar a los normalistas. Sabe y probablemente hasta esconde a los asesinos. Por eso le está costando tanto trabajo entregar a los culpables a la justicia verdadera. Sabe que se expone  a que canten los delincuentes y digan quiénes son los que orquestaron este y otros asesinatos masivos. Por eso el enredo en que se encuentra el gobierno federal y el gobierno de Guerrero. Los ciudadanos le exigimos al gobierno que no le ande haciendo al cuento. Que los entregue YA y que los entregue VIVOS. Al pueblo no se le puede engañar siempre. La sociedad exige respuesta inmediata. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Pero YA . Hoy 22 de octubre, a las 6 de la tarde, MARCHA del Ángel al zócalo, df




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