miércoles, 8 de octubre de 2014

Una realidad descomunal que vive con nosotros
JESUS SOSPor A CASTRO
En la tierra del General, un grupo de patriotas mexicanos nos reunimos para elaborar un programa  de lucha dirigido a las hijas y a los hijos de México. Me atrevo a pensar que lo que allí examinamos es una realidad descomunal que vive con nosotros y que determina cada instante de nuestras vidas. En las palabras de los que allí nos oímos se asienta un manantial insaciable de creación de desdichas pero también de un almácigo de bellezas que germinan para dar forma a otro porvenir. Los que vivimos y sentimos esta realidad sobrecogedora, nos sentimos con el derecho de creer que estamos en camino de construir un nuevo sueño. Si llegamos a realizarlo, en él, como decía García Márquez, nos encontraremos “poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines” (*)
Todas las criaturas de esta realidad desaforada hemos pedido muy poco a la imaginación. El desafío mayor para nosotros, ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Aquellos que se movieron de sus pueblos y de sus valles para compartir sus voces de protesta y de aliento, comprendieron que este es el nudo de nuestra soledad  al que hay que desatar. Nadie de las mujeres y los hombres que percibieron este abandono turbador, manifestó confusión cuando decidimos marchar en busca de una utopía contraria a la que nos están imponiendo los buitres de México y del mundo
Juramos que iríamos por un nuevo y arrasador sueño donde la vida, donde nadie, pueda decidir por otros ni siquiera nuestra forma de morir. Comenzamos hablando de nuestros pueblos, de nuestra gente y de nuestras carencias. Los que apenas pudieron llegar porque su hambre los ha golpeado por los cuatro costados, traían en sus ojos y en sus arrugas que surcaban sus rostros, aquella voluntad autodeterminada de luchar por la vida, porque hace rato que dejaron de ser dominados y mandados por caciques y mafiosos. Los allí presentes forjamos los cimientos de una futura organización, instrumento indispensable para alcanzar un proyecto de vida totalmente contrario al que hasta ahora nos ha impuesto la clase social que hace siglos nos ha despojado del auténtico vivir
Nos convencimos de que nada de lo que aspiramos para mejorar nuestra vida, será conseguido al través del llamado crecimiento y del progreso. ¡Todo esto ha sido un engaño! Ya no creemos más en quienes nos dicen que nuestra liberación y nuestro vivir, vendrán de manera automática con el desarrollo de la ciencia y de la tecnología. Por siglos hemos visto que la riqueza material que se genera con este desarrollo, se ha quedado en manos de un grupito de multimillonarios y mafiosos. La felicidad del pueblo trabajador no se logrará con un sinfín de leyes y reglamentos que los malandrines trabajan y arreglan para complacer a ese grupo de gandules y ladrones
La satisfacción plena e integral, material, espiritual y cultural de todos los trabajadores, no vendrá de este sistema al que hay que echar al basurero de la historia. Nada que no salga de nosotros mismos, al través de un proceso de autodeterminación, permitirá un México en el que haya bienestar para todos o no lo habrá para nadie. El trabajo, la tierra, la  vivienda, la salud, la educación, el descanso y lo que implica el auténtico vivir, o es completo, universal, sin distingos, o es una mentira, un engaño para que perviva la explotación y la opresión
Concluimos que el actual sistema económico y social ha mancillado nuestra tierra, deshonrado el trabajo, envilecido la vivienda y la salud. Ha ultrajado la vida científica, artística y cultural, pues todo lo que requiere la vida humana está siendo usado sólo para bien de unos cuantos que sueñan con ocupar los primeros sitios entre los hombres más ricos de la tierra así tengan que pasar encima de nuestros huesos y nuestra sangre
Por eso acordamos organizarnos y luchar para recuperar lo que nuestro pueblo y los pueblos del mundo han construido y sostenido en todas las vertientes de su historia. No estamos pensando en un México que viva en el hilo de la sobrevivencia, volcado en sí mismo. La vida por la que acordamos luchar no solo recuperará lo que nuestras mujeres y nuestros hombres han forjado en muchos años de trabajo. Lucharemos por derecho y por dignidad para incorporarnos a las grandes transformaciones científicas y técnológicas que son obra de nuestros científicos, pagadas con el trabajo y el sudor de sus gentes. ¡Somos ajenos a un espiritualismo impotente y a un materialismo mecanicista!
Luchamos por liberarnos de las necesidades físicas que nacen de nuestra situación de desposeídos y de explotados, porque en nuestra condición humana llevamos los genes para luchar por todas las libertades. Estamos en contra de las necesidades artificialmente creadas por el sistema que padecemos. Eliminaremos el egoísmo, la insolidaridad, el consumismo, el odio y la violencia. La tierra será nuestra. Todos los recursos de los que fue dotada por la naturaleza y por el hombre, serán dirigidos, usados y aprovechados por todos los que la trabajen y le den efectiva existencia. Esa fue la razón de la lucha de zapata y esa será la lucha nuestra hasta hacer efectivo su proyecto


(*)  La soledad de América Latina, discurso pronunciado por Gabriel García Márquez al recibir el Premio Nobel de Literatura, en Suecia, en 1982

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