lunes, 14 de julio de 2014

Con el ánimo de echar fuera lo que traemos por dentro.


Texto que le envié a mi hermana Edith cuando vivía un momento especial

JESUS SOSA CASTRO 


Hermana


Voy, con mucho orgullo, a rescatar para ti una palabras que nuestra madre pronunció cuando me vine a México por primera vez."Si algún día llegas a ser algo -musitó- no te olvides de quién eres". Me lo dijo sin verme, porque estaba echando mis trapos en un viejo Veliz. Cuando terminó su tarea, levantó su rostro y percibí que gruesas lágrimas escurrían por su rostro. No fui capaz, entonces, ni ahora, de entender lo que me quiso decir, ni menos aún entendí el por qué de sus lágrimas. Si lo hubiera comprendido, seguramente que la historia de todos nosotros hubiera sido otra y no la que estamos viviendo.
Tuvieron que pasar sesenta años para verme en su retrato, para recordarlo a propósito de las preguntas que te haces, para volver a esos momentos de su angustia, de su tristeza y también llorar como un niño, en el intento de aligerar las amarras y de un nudo que por décadas y creo que sin saberlo, he traído atorado en la garganta. Desde luego que no ha resultado fácil. La vida ha seguido su curso, y pocas veces he volteado a ver el pasado con la intención de contestar esas preguntas, que nunca me hice cuando vivía y que en su ausencia se están colgando intempestivamente de mi vieja memoria. 
Después, mucho después, tal vez cobijado por el presentimiento de la muerte, vi, sin querer, y sin haber motivos aparentes, cómo papá, el hombre duro que todos conocimos, lloraba sin parar, como si con esos escurrimientos que mojaban sus arrugas, hubiera querido detener el tiempo para seguir viviendo en el filo de sus ochenta años y con la esperanza de continuar disfrutando de la vida.
Entre ignorante e ingenuo lo interrogué: ¿Qué pasa papá? ¿Por qué esas lágrimas? Con la mayor tranquilidad me dijo: No te preocupes hijo, entre más viejos somos, más llorones nos volvemos". Y tenía razón. Tú como yo, por quítame estas pajas, a cada rato, sin control y sin saber por qué, se nos salen las de San Pedro. Pero, ¿sabes, hermana? Recuerdo que cuando veníamos de una excursión que hicimos a Can kum hace unos 5 años, tú y yo comentábamos un libro sobre la vida de Borges, y a propósito de lo que hoy nos ocupa, leíamos una frase que hasta la fecha recuerdo. La frase era:"La muerte es una vida que fue, en cambio la vida, es una muerte que viene" Si esto es así, si no está en nuestras manos evitar que estos fenómenos ocurran, ¿no sería mejor dejar que los hechos pasen cuando tengan que pasar, y no vivir anticipadamente una situación que deteriora y complica nuestra existencia? ¿Para qué nos angustiamos tanto de algo que no podemos evitar?
Te cuento estos hechos porque en mis recuerdos no entiendo bien lo que nuestros padres traían dentro de su alma. Pero si sé que esos sentimientos que brotaban en forma de lágrimas, son parte del genoma que se acuerpa en todos los seres humanos y que, en nuestro caso, es por demás querer desprendernos de ellos, cuando sabemos que forman parte de nuestro cuerpo celular?
Es legítimo preguntarnos ¿quiénes somos, qué hemos hecho, hacia dónde vamos, qué queremos?. Pero cuando lo hacemos es porque estamos viviendo nuestra vida, vibramos ante la injusticia y la sinrazón. Pero en estos actos no hay estupidez, tampoco hipocresía en nuestro llanto, es, en todo caso, un grito que refleja estados de ánimo pero que no expresa vergüenza. Lo que es muy difícil es encontrar las respuestas. Si pudiéramos resolver todas las cosas que nos angustian y que nos duelen, seríamos seres con un poder infinito. Invulnerables al dolor y a la muerte. Y esto, querida hermana, sólo lo creen los portadores de fe, aquellos que, apelando a sus creencias, no han entendido correctamente los designios de su Dios. No hay nadie inmortal. Por eso hay que poner en juego la filosofía de Federico Nietzsche: "Si admitimos que el universo es infinito, Dios deberá ser más infinito que el infinito, lo cual es manifiestamente una aberración" Por eso hermana, no te angusties: nuestro paso por la vida será  más hermoso si lo vestimos con las cosas bellas que nos rodean, pues hasta la belleza de las flores está rodeada de abrojos. Las rosas no se explican sin las espinas. Saca todo lo que traes dentro de tu corazón, mantenerlo lleno de rencores o problemas pasados, es vivir cautiva de tus recuerdos que alteran tus sentimientos y enferman tu alma. Haz todo para alcanzar la estatura moral que felizmente te mereces. Lo mereces sin limitaciones, lo mereces porque te lo has ganado.
Un beso y un abrazo para ti y para Karen, mis dos mujeres ahora sólidamente cercanas.

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