lunes, 30 de junio de 2014

El eterno encuentro entre la luz y las tinieblas
Por JESUS SOSA CASTRO
Durante dos domingos seguidos hemos estado afiliando en Morena a ciudadanos que están convencidos de que hoy, México no es el país que nos merecemos. Nos instalamos en la acera que está frente a la Iglesia de la Pasión, en la calle Basilio Romo Anguiano esquina con Roberto Gayol, Col Guadalupe Insurgentes, Delegación GAM. Mientras llegaban las personas que vamos afiliar al Partido Nuevo que seguramente llevará el nombre de Morena, me ocupé de leer el libro de Ignacio Solares, “El Jefe Máximo” que me prestó mi amigo Álvaro Ochoa, electricista combativo, demócrata irreductible y viejo militante del ex Partido Comunista Mexicano  
Pues bien, procedo a comentar algunas partes del libro. Lo hago porque coincidentemente Ignacio Solares pone en blanco y negro una conversación que en sus elucubraciones espiritistas, Plutarco Elías Calles sostenía con el Padre Agustín Pro. Personaje de la iglesia que El Jefe Máximo mandó fusilar el 23 de noviembre de 1927. Don Plutarco era un político inteligente pero también un hombre de mano pesada, un asesino sin moral. A sus enemigos políticos los mandaba matar sin mayores miramientos. Fue el caso del Ing Vilchis que había atentado contra Obregón, a León Toral, al padre Agustín Pro y al manco de Celaya, para ese entonces presidente electo de México
Una vez, en una de esas noches de ficción ocultista, en  la que según Solares participaban Gutierre Tibón, Miguel Alemán, Ramón Beteta, Ezequiel Padilla, Félix  Palavicini, Carlos María Heredia, José Juan Tablada y Jaime Torres Bodet; Calles discutía con el padre Agustín Pro sobre temas religiosos. Hablaban sobre el conflicto entre la iglesia y el Estado. Le sostenía al padrecito que ese  problema viene desde la época de la Edad Media y se da en todos los países que han intentado progresar “No sólo es la disputa entre el poder secular y el espiritual, entre la razón y la sinrazón. Es, a fin de cuentas, afirmaba el Gral, una manifestación más del encuentro eterno entre la luz y las tinieblas”
Toda esta digresión tiene que ver con el hecho de que en pleno siglo XXI vivimos las reminiscencias de esa vieja cultura clerical. Algunas señoras y señores de la tercera edad, que los domingos van a misa a la Iglesia de la Pasión, se paraban a ver nuestras mantas y el módulo de afiliación, como si en ellos estuviera plasmado el espíritu de “satanás” Cuando leían los textos en los que se invitaba a afiliarse a Morena y nosotros les explicábamos lo que eso significa, para la recuperación del país de manos de los mafiosos, varias señoras hacían la señal de la cruz y una de ellas, como doña Eme, aquel personaje de “La Vela Perpetua” nos dijo: “Ni lo mande el Señor, que yo ingrese a Morena, allí están los enemigos de Dios”
Oídas estas expresiones en las que evidentemente estaban presentes la ignorancia y el fanatismo clerical, que no religioso, me llevó de inmediato a las palabras que yo había leído minutos antes de producido el encuentro con esta santa señora. Ignacio Solares puso al descubierto el pensamiento de este sector social aún existente, y escribió para la historia contemporánea las palabras que dan nombre a mi artículo
Este fenómeno sociocultural ha estado presente en todas las épocas. De esto se han valido los gobiernos autoritarios y los dictadores para adormecer y mantener sometida a la sociedad. En estos regímenes, mezclar la política con las cuestiones religiosas siempre ha sido una forma de acrecentar el control y el poder de estas instituciones. Ambas se auto protegen y se autorregulan para hacer de la política y de la fe, dos instrumentos que siempre juegan al lado del poder
Morena tendrá que remontar estas cuestiones. Está obligada a sembrar una cultura donde prevalezcan los valores éticos, morales y espirituales. Si El Jefe Máximo, creador del PRI de antes y de hoy, demeritó la política afirmando que ésta ha sido siempre una “cloaca” nosotros, el partido Morena, tenemos que demostrar que esta actividad es un ejercicio ciudadano lleno de dignidad cuando se pone al servicio de la gente. El proyecto partidista para el que trabajamos, será un instrumento ciudadanizado. Prohijará la cultura popular, desarrollará una forma distinta de relaciones sociales y acabará con la inequidad, la corrupción y la injusticia. Los mafiosos, los autoritarios y todos los instrumentos a su servicio, no serán lo suficientemente fuertes ni poderosos para impedir la recuperación del país. ¡Para decirlo con claridad! Millones de personas lucharemos por hacer de Morena, La Esperanza de México  
    


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