jueves, 19 de febrero de 2015

Hay que cambiar las formas de cambiar
Por JESÚS SOSA CASTRO
El día nueve de julio MORENA logró su registro como Partido Político. Un paso significativo en la credibilidad de muchos mexicanos que dudaban de que esto fuera posible. El mérito, corresponde a miles de ciudadanos, mujeres y hombres, que al lado de AMLO, emprendimos una tarea harto difícil. Ahora viene lo más importante pero al mismo tiempo lo más complicado. Ir abriendo camino para convertir a Morena en un espejo en el que se puedan mirar, con orgullo, aquellos que a lo largo y ancho del país, hemos venido diciendo que Morena es la esperanza de México
¡Esta frase representa un enorme compromiso! Porque si bien es cierto  que la “Esperanza” es un concepto abstracto, intangible, que hemos abrazado millones de mexicanos, su concreción debe materializarse en una lucha sin cuartel contra la antidemocracia, las corruptelas y el arribismo. La presencia de otros males  como la incondicionalidad, el atraso político, la abyección, la banalidad y el seguidismo acrítico, deben desaparecer del cuadro básico de los valores de Morena. Quien crea que su registro es por sí mismo la solución de los viejos anhelos del pueblo por liberarse de las mafias del poder, no va a caminar mucho para desengañarse de que no es tan así
Si hemos de creer en nuestras palabras de que queremos transformar realmente el país, tenemos que empezar por identificar claramente al enemigo contra el cual estamos luchando. A la vista, Peña Nieto, Mancera, los gobernadores, el Parlamento y las demás instancias de gobierno, no son más que los títeres de un poder oculto, rapaz, oscurantista y antinacional. Los que realmente gobiernan México, son cuarenta familias siniestras, cuatrocientos veinte grupos empresariales, las grandes transnacionales, el FMI y al Banco mundial. Estos son los poderes que tienen apergollada a la plantilla de títeres que dicen gobernar el país
Desde hace más de cuatro décadas se empezó a develar el carácter perverso del capitalismo salvaje. Sus acciones lo llevaron y lo llevan a la explotación, alienación y al detrimento del poder social. De entonces a la fecha, la sociedad civil ha empeñado sus esfuerzos para librar batallas para hacer una sociedad más justa y democrática. Sin embargo, este intento de construir el poder civil de suyo grandioso, ha sido devastado sin ningún miramiento por parte de los poderes fácticos que padecemos. Sus luchas reivindicativas sectoriales han sido aplastadas y hoy hay un repliegue que dificulta poner las fuerzas populares en movimiento. Las denuncias que se hacen sobre las implicaciones de las políticas públicas de los oligarcas, no han producido los efectos movilizadores que necesita la sociedad
Por eso creo que hay que cambiar las formas de cambiar. La fuerza que atisbe la urgencia de modificar las formas y el fondo de las luchas que vienen, podrá convertirse en la fuerza que conduzca el proceso revolucionario de transformación. Esta fuerza debe imprimirle a las luchas sociales, un carácter revolucionario, sacarlas de la simple denuncia, articularlas a nivel nacional y convertir sus acciones en una alternativa  que acabe con las políticas rapaces y antipatrióticas de las mafias del poder. Tenemos que sacarlas del inmediatismo y del aislamiento, para unificar sus esfuerzos  en proyectos sociales de dimensión nacional. Verlas como generadoras de las revueltas sociales y coronarlas con una participación masiva al través de la participación electoral
El mayor riesgo que hoy enfrenta Morena, no está solo en toparse con una sociedad replegada, descreída y siempre golpeada. De mil novecientos ochenta y dos a la fecha ha sufrido la imposición de tres gobernantes mafiosos. No sería justo que en el dos mil dieciocho se volviera a repetir este hecho lamentable por no tomar desde ya las medidas que lo prevengan y lo impidan. Es verdad que ya se cuenta con un Proyecto Alternativo de Nación. Pero esto no es suficiente, se tienen que preparar y organizar a las fuerzas para que llegado el momento, tengan la capacidad de defender sus triunfos. Localizar el epicentro de la conflictividad social y hacer que las resistencias populares se articulen, sean combativas para avanzar consistentemente en la lucha por la transformación del país
Es verdad que la irritación social está presente en toda la geografía nacional. Lo que no es verdad, es que en todas partes haya la misma disposición para la lucha transformadora por la que trabajamos. En la zona Centro Sur de nuestra República, se registran huellas profundas de los pueblos que luchan. En el Centro Sur, todas estas luchas están sustentadas en proyectos programáticos, con idearios llenos de solidaridad, combativos y revolucionarios. Desde luego, esto no implica que allí sea donde se dé el desenlace final de las luchas populares, pero pueden ser el detonante, el inicio de los grandes movimientos populares. El cierre de todas las luchas de pueblos, regiones o zonas, puede desembocar en una participación masiva al través de la confrontación político-electoral. Aquí puede estar la fuerza y el triunfo de Morena

Por eso el estudio geopolítico de nuestra lucha tiene tanta importancia estratégica. Ya no se vale andar en todas partes y en ninguna. Las improvisaciones no caben en Morena. Si tenemos que cambiar las formas de cambiar, avanzar para asegurar el éxito de nuestros triunfos  futuros y lograr la transformación que buscamos, tenemos que empezar por detectar el estado de ánimo de los trabajadores y el pueblo, participar en su organización, informarlo de lo que está pasando con las políticas públicas de las mafias del poder y articular sus demandas y luchas. No hacerlo, es seguir perdiéndonos en esfuerzos y en discusiones que no nos llevan a ninguna parte, mientras el adversario sigue avanzando impunemente en el quebrantamiento de la política y la moral del pueblo mexicano. ¡Y esto, ya no estamos para seguirlo aguantando! 

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